Aplausos y pullas en el adiós de Acebes

EL momento cumbre de esta primera jornada en el congreso nacional del PP estaba reservado para el informe de gestión del secretario general, Ángel Acebes. Pero su protagonismo arrancó antes de que interviniera.

Cuando Carlos Fernández Carriero se disponía a exponer el estado de salud de las cuentas populares, José María Aznar irrumpió en el plenario arrancando los aplausos de los compromisarios, y saludó a los miembros de comisión ejecutiva nacional uno a uno.

El presidente de honor del PP estuvo especialmente cariñoso con Acebes, a quien otorgó un medio abrazo y una carantoña, y se mostró tibio, muy tibio con Rajoy, a quien regaló un apretón de mano con un gesto inescrutable que levantó un murmullo en la sala de prensa porque sonó a desaire. Y a Fraga le ignoró. El ex presidente no ha encajado nada bien ser relegado a hoy cuando inicialmente su intervención estaba prevista para mañana.

Pero Acebes recibió otras muestras de afecto antes de tomar la palabra. Pío García Escudero, portavoz del Grupo Popular en el Senado, actuó como hombre del presidente que reconoce servicios prestados y le brindó al secretario general saliente un ditirambo en dos actos. Los elogios del escudero de Rajoy no ablandaron a Acebes, que no cambió ni una coma de su discurso, un discurso que, por momentos, resultó agrio y desabrido cuando se puso la túnica de militante, así como falto de autocrítica cuando hizo balance como dirigente.

Su llamamiento a la unidad, en este sentido, sonó a disco dedicado a Javier Arenas: "La unidad -proclamó Acebes- es la columna vertebral del PP. Si hemos conseguido gobernar en miles de municipios, en buena parte de las comunidades autónomas y en el conjunto de la nación es porque desterramos de nuestra organización prácticas perniciosas para la cohesión interna como las camarillas, los bandos y las intrigas".

A Rajoy le lanzó varias pullas. Una de ellas utilizando el concepto de equipo de Aznar. A juicio de Acebes, en el PP "sobran hombres y mujeres con talento, experiencia y capacidad, dispuestos a renunciar a sus legítimas ambiciones personales para trabajar conjuntamente por el bien común. Reunirlos a todos en un equipo de primera no es sólo recomendable. Es una obligación".

Al final, el plenario aprobó el informe del saliente por aclamación, y recibió el cariño de los compromisarios con aplausos que estuvieron entre los más sonoros y prolongados de la tarde.

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