Anécdotas para sobrevivir al hastío

  • Una plataforma espontánea y sin adscripción política pide el voto para Duran Lleida

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Comienza la campaña. Una más. Llega lo de siempre. Promesas. Inventos. Insultos. El ciudadano se aburre, el aficionado languidece, el aspirante se empacha de sí mismo. En el aire, a veces, la retina detecta novedades, anécdotas, movimientos que conceden algo de color a un cuadro plomizo por tonos y temática. Es lo que ha ocurrido en Cataluña, donde una plataforma bastante heterodoxa pide el voto para Josep Antoni Duran Lleida (CiU).

Explica su portavoz, Anna Minguella, que ninguno de los 550 firmantes está afiliado a la federación nacionalista o a Unió, la familia política que dirige el diputado democristiano. Añade que su grupo, Sentit comú per Catalunya (Sentido común para Cataluña), nació espontáneamente del hartazgo popular ante los últimos desastres del lugar. Insiste en que son independientes pese a tomar partido. Refuerza la idea al aclarar que son personas de a pie las que deciden y gestionan. "Se apuntó gente de CiU y les hemos obligado a borrarse", destaca.

Xavier Martí, Santiago Buscató, Xavier Zabala, Joan Maria Leon y la propia Minguella son los promotores de la iniciativa, transformada en realidad jurídica el pasado 31 de octubre. El quinteto conoció personalmente al adorado líder "hace sólo 20 días". Otra prueba del criterio libre de presiones que quizás orienta sus acciones, todas humildes y muy enfocadas a explotar el vasto posibilismo de internet.

Esa música suena en el sur, que alumbró proyectos como Andaluces Levantaos o la más politizada Andaluces por el Cambio. En todos los casos, no obstante, emerge rauda la duda: ¿de verdad piensan que estos talleres artesanales tienen más poder de persuasión que la maquinaria industrial de los superpartidos? ¿Necesita Duran reforzar su ego con un puñadito de votos más? Que prime la lectura romántica. Estos tipos asumen molestias por vender desde la sociedad lo que desean para la política.

Sentit Comú pide tres cosas: "Sentido común a los políticos; responsabilidad a los votantes catalanes, demasiado desencantados, demasiado adictos a la abstención, y, claro, el voto para Duran". Lo del sentido común está caro. Nadie lo ha demostrado en los últimos tiempos y quien rompe la norma obtiene de inmediato las antipatías de los demás, convencidos de que la mediocridad es el camino. Las ganas de votar tampoco pintan de cine. El desencanto no es catalán sino español, europeo y hasta universal. Y el respaldo a Duran es algo tan íntimo e imprevisible que mejor imaginar el resultado del 9-M desde casa, hundido en el sofá.

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