"Ahora estamos mejor para defender los intereses de España, digan lo que digan"

  • Afirma que ha echado en falta un debate serio por parte del PP, al que acusa de centrarse en lo accesorio

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Laura Mármol / córdoba

-Vaya legislatura ésta que acaba, ministro. La crispación generalizada se ha evidenciado en su tarea, donde la bronca y la falta de acuerdo con el PP han sido la tónica general. ¿Cómo lo ha vivido?

-He echado de menos un debate serio sobre los ejes de la política exterior. Se han centrado en los pequeños incidentes sin la más mínima trascendencia. Pero estoy satisfecho porque la legislatura acaba con el marco de objetivos bien consolidado, no sólo en cuanto a la arquitectura tradicional de la diplomacia española, que pasa por llevarse bien con los vecinos y tener buena relación con Estados Unidos y con los países europeos, sino por preparar a España para ser un actor global en el siglo XXI ante los nuevos retos y desafíos, como son la lucha contra el terrorismo internacional, la inmigración o el cambio climático. Si repasamos los distintos escenarios, veremos que estamos mejor preparados y en mejor situación para defender los intereses españoles, digan lo que digan.

-Habla de que la oposición ha puesto el acento en incidentes que usted califica de intrascendentes e, inevitablemente, se me viene a la cabeza el famoso "¿por qué no te callas?" del Rey a Chávez. ¿Ahí también se defendieron los intereses españoles?

-Sí, porque mientras el PP pedía que se echara más leña al fuego, el Gobierno mantuvo la serenidad y el diálogo necesarios para reconducir la relación con un país tan importante y cercano. Eso es lo que tiene que hacer un Gobierno responsable. Los otros pueden montar bronca, pero no se hubiera resuelto el problema de esa manera.

-Sin embargo, el mensaje que en parte ha calado es que este episodio es una muestra más de que el Ejecutivo español está echado en manos de los regímenes populistas del tipo del de Hugo Chávez, Fidel Castro o Evo Morales.

-Ésa ha sido una canción tarareada constantemente por la oposición, pero sólo era eso, una canción. Un ejemplo que tira por tierra ese argumento es que con los países con los que tenemos mayores acuerdos de interacción política y estratégica son Chile, México, Argentina y Brasil. Lo demás es tratar de distraer a la opinión pública olvidando que España tiene que tener la mejor relación posible con los países de América Latina por tradición histórica, por intereses económicos y por la presencia de nuestros ciudadanos en toda esa zona.

-¿Ha habido el mismo interés por estrechar lazos con Estados Unidos una vez enfriada la relación transatlántica tan del gusto del Gobierno de Aznar?

-Nosotros hemos tenido claro desde el principio que debíamos fijar una relación sólida y fiel con un aliado como Estados Unidos, eso sí, no bajo una sumisión total y permanente, sino teniendo nosotros capacidad de juicio y de autonomía, porque somos un país soberano. Antes, España estaba sometida a las directrices de Estados Unidos y ahora, a veces no coincidimos con ellas, pero con respeto. A partir de ahí, hemos ido construyendo una muy buena relación con la Administración Bush; no hay nada más que ver nuestra cifras económicas, flujos de inversión, cooperación en materia de lucha antiterrorista y militar, presencia en escenarios internacionales como los Balcanes o Afganistán, y la buena concertación política con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.

-Un escenario en el que sí se ha avanzado ha sido el euromediterráneo, concretamente con los vecinos de Marruecos. ¿Existe realmente una relación de confianza?

-Ésa es la base. Con Marruecos hemos recuperado una relación muy deteriorada, muy dañada en cuanto a la confianza, y eso es esencial en política exterior. Sin confianza se podrán firmar todos los acuerdos, tratados o protocolos, pero no se aplicarían. En esta legislatura, el Rey ha estado en Marruecos, al igual que el presidente Zapatero y yo mismo, que he ido unas 12 veces, lo que ha contribuido a que haya una interdependencia consolidada y una complicidad necesaria con nuestro vecino más cercano.

-Vendieron a bombo y platillo el acuerdo de Córdoba en relación a Gibraltar. ¿Ha merecido la pena?

-Indudablemente. Ese acuerdo de Córdoba está inspirando una nueva manera de hacer política en un tema complejo. Ante una situación de total estancamiento, hemos creado un foro de diálogo donde se crea confianza en un ambiente constructivo, se mejora la vida de los españoles en torno a Gibraltar, se pagan las pensiones, se adecentan las comunicaciones y se prepara mejor la cuestión de la negociación de la soberanía del territorio.

-A veces se olvida que es también ministro de Cooperación. ¿Qué tarea le ha dado más satisfacción, ésta o los asuntos exteriores?

-Sin duda la de cooperación, porque es muy gratificante ver cómo la solidaridad se traduce en resolución de conflictos humanos.

-De esos dramas humanos se han visto muchos en la gira que usted ha realizado por cuatro países del África subsahariana. ¿Por qué defiende con tanta contundencia esa apuesta por este continente?

-Era necesario, porque este continente estaba olvidado y España no sabía del nuevo despertar de esta zona y de la nueva posición que los africanos reclaman en un mundo tan complejo como el del siglo XXI. Nosotros hemos puesto África en el corazón de la política exterior de nuestro país con una visión amplia que va desde la cooperación al desarrollo a la lucha contra la pobreza, las oportunidades de negocio, la lucha contra la inmigración clandestina o el apoyo a los grandes desafíos que tiene el continente.

-Escuchándole, ministro, cuesta entender que esta zona de África esté en pista para ser un agente principal en las relaciones internacionales cuando sobre el terreno lo que se ve es miseria, desesperanza, inseguridad e inestabilidad.

-Es cierto, pero el africano es un continente que, aunque conflictivo, es muy dinámico, con una fuerza demográfica imparable, con una juventud deseosa de construir su futuro y con recursos naturales suficientes para responder a las necesidades estratégicas que la economía mundial va a necesitar. Los que no ven el nuevo despertar africano es que no comprenden las tendencias de cambio en las relaciones de fuerza en el escenario internacional. Es obvio que la foto fija nos da un continente con poca capacidad de influencia y con escasa capacidad de resolver los distintos conflictos por ellos mismos, pero eso no impide la fuerza vital y el dinamismo de la sociedad africana.

-La juventud, dice usted, tiene empuje, pero eso sólo les lleva a muchos a coger un cayuco y jugarse la vida por lograr un futuro mejor.

-Pero es precisamente ese movimiento permanente de la sociedad africana lo que lleva a que los flujos migratorios sean unos elementos esenciales del futuro social y económico. Los grandes movimientos migratorios han podido ser positivos para los distintos países, no hay que verlos como algo negativo ni para África ni para los países receptores europeos, pero hace falta controlarlos, regularlos y saberlos adaptar a la oferta de la economía.

-¿Se ve con fuerzas para seguir como ministro si el PSOE gana?

-No es cuestión de tener ganas o no. Primero hay que ganar, que ganaremos, y luego ver el destino que Zapatero decide para mí. Yo, como siempre, estaré a su disposición.

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