El regalo fue una Cabalgata sin lluvia

lLa ilusión pudo más que los presagios. La Cabalgata de Sevilla, primera con Metro y también con transportes de la Guardia Civil, brilló con luz propia e hizo las delicias de niños y mayores. Fue el mejor preludio para la noche más larga, la de la ilusión, que es el verdadero regalo. La Estrella de la Ilusión, encarnada por Marita Rufino, abrió el cortejo a las cinco de la tarde en la ya tradicional sede de las cocheras del Porvenir. El cielo estaba encapotado, pero respetó a reyes, pajes y beduinos. Dos años después, volvió a pasar por la Alameda, aunque en sentido contrario. Terminó en las instalaciones deportivas del Círculo Mercantil. La última Cabalgata de Enrique Barrero al frente del Ateneo de Sevilla cerró el ciclo con brillantez, con calles llenas de niños, que se resistían a la conveniente retirada a tiempo para facilitarle el trabajo a los Reyes de Oriente.

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