"El ideal de la buena muerte es algo innato en el ser humano"

-Discurrir sobre la muerte ¿le entristece?

-No, la muerte es una parte más de la vida, y mi vida no es triste. Lo que me entristece es el sufrimiento de las personas.

-Un motivo para estar alegre.

-A pesar de la barbarie en que parece estar instalado este planeta hay gente que sigue luchando contra ella. Hay esperanza. Intermón Oxfam y Amnistía Internacional son para mi motivo de alegría.

-La ley sobre la muerte digna ¿cambiará lo que hoy se hace en los hospitales públicos andaluces?

-No respecto a lo que se hace habitualmente pero sí respecto a cómo se hacen prácticas como la sedación paliativa, el rechazo de tratamientos o su retirada. Esta no será una ley de eutanasia. La eutanasia es un delito tipificado en el Código Penal, y una ley autonómica no puede cambiar eso. -¿Hay dignidad en la muerte?

-Sí puede haberla, debería haberla. La muerte sólo es el acto final de la biografía personal, y si vivimos dignamente podremos morir dignamente. Pero para eso hacen falta dos cosas. Una, que se me den los recursos materiales suficientes para vivir. Dos, que me proporcionen los medios necesarios para evitar que el dolor y el sufrimiento expropien mi morir.

-¿Por qué el derecho a la muerte digna lo plantean partidos de izquierdas?

-Bueno, a veces las fronteras entre la izquierda y la derecha son borrosas. Sí creo que la idea de poner a las personas en condición de vivir y, por tanto, morir dignamente pertenece más a la tradición de la izquierda. Pero yo creo que el ideal de la buena muerte es algo innato al ser humano. De hecho este ideal está presente en todas las religiones y en todas las corriente filosóficas, empezando por el estoicismo. Las personas de derechas también desean el "bien morir". El problema está en concretar qué se entiende por eso. Y esa dificultad la tenemos todos. Al PSOE la ha costado mucho entrar en este debate.

-La muerte por desnutrición de miles de niños ¿no es aún más indigna?

-Bueno, yo diría que la indignidad no está en su muerte, sino en nosotros que la permitimos. Es nuestra vida de ricos del Norte, de izquierdas o de derechas, pero ricos al fin y al cabo, lo que es indigna. La inocencia del niño que muere de hambre es tan absoluta que le salva a él de toda forma de indignidad, pero denuncia brutalmente nuestra hipocresía culpable y nuestra responsabilidad colectiva.

-Y ocuparse de ello ¿no debería ser prioritario?

-La lucha contra toda forma de indignidad debe ser prioritaria, indignidad tanto en el vivir como en el morir. Hay que luchar por la dignidad en todos los frentes, en todos los lugares, en todos los tiempos.

-Y después de la muerte ¿qué?

-No hay respuesta certera. Sólo se da respuesta a eso desde la creencia. La creencia puede ser religiosa y afirmar la existencia de una vida todavía más plena más allá de la muerte, como es el caso de la religión cristiana. O puede ser una creencia agnóstica o atea y afirmar que, después de la muerte, nada. Pero ambas posiciones son creencias, e igualmente respetables.

-La eutanasia ¿es todavía un tabú?

-Yo creo que menos. En este país, como en otros países europeos, hemos tenido un problema muy serio con el uso de esta palabra, que se ha usado indiscriminadamente para nombrar cualquier actuación de los profesionales en torno al final de la vida de sus pacientes. Esta ley trata de delimitar un uso muy circunscrito de la palabra, para decir que nada de eso fue "eutanasia". Esto es importante porque nos permitirá abrir más adelante el debate sobre lo que sí es "eutanasia" . Ese debate llegará pronto, yo creo que la sociedad española está perfectamente preparada para tenerlo, ya recuperamos la mayoría de edad en 1978.

-¿Una razón para vivir?

-Dos. Querer y ser querido por mi esposa, mis hijos y el resto de mi familia y luchar contra toda forma de indignidad.

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