Javier Olivares, guionista

"Los directores de casting deberían pasarse por el Falla"

"Los directores de casting deberían pasarse por el Falla" "Los directores de casting deberían pasarse por el Falla"

"Los directores de casting deberían pasarse por el Falla" / joaquín hernández kiki

-Acudió hace poco a una sesión de preliminares de Carnaval en el Teatro Falla. ¿Se lo imaginaba así?

-En absoluto: no imaginaba los juegos, ni los diálogos con el público, ni el código interno que existe... Dentro de las muchas definiciones de arte, está toda aquella manifestación que tiene un lenguaje propio, y claro, gente que lo domina. Me fue muy fácil discernir la histórica rivalidad Sevilla-Cádiz (ironía modo on). Hay gente en las agrupaciones con muchas más tablas que muchos actores. Los directores de casting están perdiendo el tiempo: yo, porque ahora mismo no estoy con ninguna serie que si no, venía aquí y me llevaba a media docena. Es una gran riqueza: con experiencia sobre las tablas, puedes sobrevivir en cualquier parte.

El hilo esencial de 'El Ministerio del Tiempo' es la posibilidad de escapar a tu propia muerte"

-Es que si Cádiz tuviera un The Wire, una temporada sería del Carnaval.

-Me llama la atención lo que tiene el fenómeno de aspiracional, la oleada de amigos que se van juntando desde pequeñitos. Y ese dicho de que aquí todo el mundo nace culto aunque no lo sepa... Por ejemplo, una de las letras que decía algo tan simple como que no se puede vivir sin música. Eso me parece maravilloso, mucho más universal de lo que la gente pueda creer. Lo que se supone que es intrascendente, que no tiene apenas valor, la música y la palabra, conforman el sentimiento absoluto de un pueblo. Ésa es una conquista cultural muy importante. Sumando, por supuesto, el tema de la denuncia social.

-Está en un periodo de descompresión tras el éxito tremendo de El Ministerio del Tiempo.

-Digamos, aunque ahora mismo acaba de salir lo del fichaje por Globomedia, y es verdad que ya siento de nuevo el cosquilleo...

-¿En qué se traduce este fichaje?

-Pues en un contrato de exclusividad, así que tendré que seguir haciendo cosas buenas o disimulando que las hago. Vuelvo a la casa en la que durante tantos años trabajé con mi hermano tras haber hecho series con un tremendo sello personal, aunque en toda serie sea necesario trabajar en equipo.

-Bueno, uno escribe porque le pagan. Siempre.

-Y cuando coges una idea y la haces tuya, ya es tuya. Fíjate en todos los artistas renacentistas, lo que eran capaces de hacer por encargo.

-Sí, luego pensaban "ya me las maravillaré yo...".

-Exacto, ¿quiénes eran las vírgenes y los santos que pintaba Caravaggio? Pues el valor que tienen es que era capaz de intercalar con ellos pedazos de su vida, muy alejada del Cielo.

-Dentro de la heterodoxia, en la ficción televisiva nacional, antes de El Ministerio del Tiempo estuvo Víctor Ros. ¿Cuánto le debe de su éxito a esta primera producción?

-Me alegra que lo menciones porque yo creo que le debe muchísimo. Mi hermano Pablo concibió la idea original de El Ministerio pero en Víctor Ros pudimos lanzarnos a experimentar cosas que con Isabel no podíamos. Con Víctor Ros disfruté mucho sobre todo de los últimos capítulos de la primera temporada, que ya nos habíamos liberado de la trama de la novela y podíamos generar aventuras.

-¿Cree que somos muy quisquillosos criticando las series?

-No lo creo: la diferencia, ahora mismo, es que las plataformas permiten que todo el mundo lo diga. A mí me echan la bronca a menudo porque, si hay alguien que me molesta, simplemente lo bloqueo o denuncio. Pero me quedo con el inmenso cariño que hemos recogido.

-Imagino que uno de los placeres de un proyecto como El Ministerio, aunque se considere algo menor, ha sido el levantar a esos grandes secundarios.

-No hay placeres menores... "ver" a Lorca, a Lope, y a todos esos personajes secundarios anónimos que se convierten en indispensables. Es un gran placer, como dices, pero también tiene un sufrimiento importante. Sobre todo, cuando dependes de una plataforma o de una productora grande: "Pero, ¿no hay una historia de amor?" (ojos en blanco). Mi hermano Pablo, que colaboró en la edición muy enfermo, pestañeando, moviendo las pupilas, decía: "Aunque me muera y no lo vea, hay que hacerlo bien o no se hace". Esa teoría que dice que el guionista que quiere ser guionista no puede competir jamás con el guionista que necesita ser guionista.

-Como peculiaridad de El Ministerio, además, ha estado la diferencia entre audiencia convencional y el impacto real a través de difusión web, redes, premios... ¿Cree que este caso marcará una diferencia en la forma de medir el peso de una producción?

-Pues no sé si supondrá un cambio, pero sí que ha supuesto un hito, que ya es mucho más de lo que uno puede esperar. Creo que al público le ha llegado, esencialmente, porque ha despertado emociones que no contemplaban. El hilo esencial de toda la serie es la posibilidad de escapar a tu propia muerte: que lo que haces, subrayamos además el legado positivo, puede influir en los que vienen de formas que no sabes. Y así, vivir por siempre.

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