"El desarrollo sostenible es un engañabobos: hay que decrecer"

-¿Una rana lleva su nombre?

-Es una de las llamadas ranas de cristal, porque son transparentes. La descubrieron unos amigos en la selva venezolana y le pusieron Cochranella vozmedianoi, como homenaje a mi labor.

-¿Le hizo mucha ilusión?

-Muchísima. Soy un enamorado de los viajes y la naturaleza, un Livingstone frustrado, y eso de que un animal lleve mi nombre supone un gran honor.

-¿Habría preferido una ardilla?

-Pero es que ya es dificilísimo que aparezcan mamíferos y vertebrados nuevos. Sólo animales pequeños. Podían haber puesto mi nombre a un mosquito.

-¿Ha tenido que hacer muchos méritos?

-Es cuestión de años. Llevo muchos luchando por el medio ambiente y los espacios protegidos.

-¿Su ecologismo fue pionero?

-Empecé de universitario. Fundé con unos amigos la asociación para la supervivencia de la naturaleza Andalus, la primera organización ecologista del sur de España.

-¿Cuántos eran?

-Cuatro gatos. Todavía se veía el medio ambiente como un exotismo, una cosa de amantes de los pájaros. No teníamos ni idea de qué hacer. Era todo intuitivo.

-¿Y qué denunciaban?

-Cuestiones puntuales. La muerte de animales en Doñana, el peligro de desaparición de la cigüeña blanca, que entonces era una especie mucho más amenazada...

-¿El cambio climático ni se vislumbraba?

-¡Qué va! No había una visión global de las cosas y, además, en estos treinta años el deterioro del planeta se ha acelerado muchísimo.

-¿Por qué razón?

-Porque la población mundial se ha duplicado: somos ya casi siete mil millones. El crecimiento es exponencial, en número de habitantes y en consumo por habitante.

-¿Cuáles son las consecuencias?

-La destrucción es evidente. He estado en Suramérica, en la Amazonia, y en África. Ves grandes selvas taladas, urbes gigantescas...

-Hay quienes niegan el peligro.

-El cambio climático es una realidad en la que coinciden los tres o cuatro mil científicos de las mejores universidades y los gobiernos. Hay datos objetivos.

-¿Qué datos?

-Observe el entorno. En España nos estamos quedando sin glaciares. Las cigüeñas de Huelva, cuando yo era pequeño, iban y venían. Ahora se quedan allí todo el año. Los animales nos avisan.

-¿A qué conclusión cabe llegar?

-El planeta no aguanta más presión demográfica. El gran problema mundial es el desarrollismo, impulsado por un ser humano avaricioso y codicioso, insostenible en si mismo.

-¿Qué ocurre si sigue este ritmo?

-Algunos expertos avisan de que podríamos haber entrado en un punto de no retorno. Como un barco que navega a gran velocidad en alta mar y no puede frenar a tiempo para no chocar con el iceberg.

-¿Y por qué no se hace más para evitarlo?

-El problema, como muy bien ha dicho Greenpeace tras la cumbre de Copenhague, es que no hay grandes líderes con visión y espíritu de sacrificio. La sociedad se ha hecho mediocre, se ha entontecido.

-¿El ecologismo es una ideología?

-Por supuesto. Plantea una forma de vida diferente.

-¿Con qué filosofía?

-La de que hay que decrecer. El concepto de desarrollo sostenible es un engañabobos.

-¡No me diga!

-La idea de sostenibilidad es contraria al desarrollo. Es como decir que una noche es luminosa. Un oxímoron, si lo quiere expresar en términos literarios.

-¿Habrá un día en que la ecología nos gobierne?

-Ya esta gobernando. El Partido Verde estuvo en el Gobierno alemán y tiene mayoría en muchos ayuntamientos en Europa. Pero cuesta obtener el apoyo de los ciudadanos. Las cosas tendrían que cambiar mucho.

-¿Haría falta una revolución?

-Es necesaria una revolución posindustrial a nivel mundial, que ya se está empezando a producir, al menos en el terreno del debate. Estamos en un momento de transición, forzada por las circunstancias.

-¿Y en qué se centrarían los cambios?

-Hay que frenar el crecimiento demográfico y frenar el consumo. Sustituir el concepto de desarrollo sostenible por el de crecimiento cualitativo.

-¿Qué haría con poder político?

-Como la política se hace con dinero, dedicaría todo el presupuesto a calidad. Mejores universidades, en lugar de más coches, más aparatos de usar y tirar y más autopistas innecesarias.

-¿Cómo cambiar los valores?

-Con ecoimpuestos. Con la huella de carbono podemos saber cómo y cuánto contribuye cada uno de nosotros al cambio climático.

-¿Qué es la huella de carbono?

-Mide la cantidad de gases de efecto invernadero que se emiten en una cadena de producción. Debe saber que consumir carne es una de las cosas que más contribuye al cambio climático.

-¿Comer un simple bistec?

-Así es. La carne viene de la Amazonia, que es donde, tras haber talado la selva, se crían los grandes rebaños de vacas, con mucha agua y grandes plantaciones de alfalfa. ¡Y luego hay que traer la carne en avión!

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