"En el bicentenario hay mucho lirismo y poca documentación"

-¿Dónde llegó usted que no llegara Napoleón?

-A China. De chico, yo tenía muchas ganas de conocer China. Me decepcionó bastante. La revolución cultural de Mao fue tremenda. Me impresionó el amanecer en Shangai. Y lo cortos de vista que eran la mayoría de los taxistas chinos. Entro en tiendas de chinos y recuerdo algunas palabras.

-¿Napoleón quería adueñarse del mundo?

-Su idea era la de Alejandro Magno, llegar a la India.

-La Europa de Zapatero que ayer se inició, ¿coincide con la que él sometió?

-Napoleón entró hasta el corazón de Moscú.

-¿Los presidentes de la República Francesa llevan un Napoleón dentro?

-Más bien un Luis XIV. Estaba en Inglaterra y llegó de visita Mitterrand. Iba en la carroza de la reina. Parecía el emperador de la India.

-¿Qué le dice hoy la palabra afrancesado?

-Voy a publicar un libro titulado El clero afrancesado. Llevo años haciendo un censo y un diccionario alfabético de curas que se adhirieron a José Bonaparte, un clero josefino que desmiente la imagen del cura guerrillero y el perfil intelectual del afrancesado. El 2 de mayo de 1808, cuando la carnicería de Madrid, el cura de Fuenlabrada, que era malagueño, ordena tocar las campanas en solidaridad con José Bonaparte.

-En la foto de las Azores, ¿Bush sería Napoleón y Aznar Pepe Botella?

-No me imagino a Aznar en su rancho de Texas en ese papel. Ni a Aznar. José Bonaparte es un personaje muy serio, del que se ha hecho una imagen idiotizada. Es la segunda personalidad del imperio, el hermano mayor de Napoleón, lo que en una familia corsa era mucho decir. Los cambios que se le atribuyen a Napoleón, la supresión de la Inquisición, la desamortización, son obra de su hermano. Cuando la delegación española va a Chamartín a ver a Napoleón, episodio que retrata Galdós, él está más pendiente de los asuntos europeos, de la guerra. Los asuntos pequeños, para nosotros los importantes, los atendía su hermano.

-¿Por qué Pepe Botella?

-Aprobó un decreto subiendo los impuestos de la bebida porque era abstemio. Era muy mujeriego, pero los españoles nunca hablan de esa tendencia.

-¿Fue el primer gobernante contra el botellón?

-Intentó acabar con el botellón de la época, con las tabernas y botillerías.

-El bicentenario de las Cortes de Cádiz ha empezado en San Fernando...

-Tengo mucha documentación sobre la población que se concentra en la isla de León a partir de aquellos días de nerviosismo que se vivieron en la última semana de enero de 1810. Blanco White se puso ropajes blancos para pasar por inglés y burlar la vigilancia de un cura gordinflón.

-¿Cómo ve el 12?

-Hay mucho lirismo y poca documentación. Sorprende la cantidad de albañiles y carpinteros que van a San Fernando. Hacen casas para acoger a tanta gente, como ahora con la construcción. Se vive la crisis tras el boom inmobiliario. Casas deshabitadas, tragedia de ver la ruina en una ciudad en ebullición como la isla de León desde 1810 hasta que se levanta el estado de sitio el verano de 1812.

-¿Hay liberaciones peores que la servidumbre?

-Lo que pasa es que San Fernando vivió los momentos verdaderamente románticos. Después, la gente se cansa de que día tras día no pase nada.

-¿La Habana era Cádiz con más negritos?

-Es rigurosa la letra de Carlos Cano y Antonio Burgos. Comparten un gobernador, O'Reilly, con calle en Cádiz y La Habana. Pasó como el General Desastre.

-¿El historiador recela de la novela histórica?

-He cogido a Alejo Carpentier en errores clamorosos en El recurso del método. La mejor es Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. El género ya está agotado. Le he cogido manía a las novelas de templarios. Y hay gente seria que cree en esas cosas.

-¿Ser biógrafo de Domínguez Ortiz ha cambiado su método de hacer historia?

-Lo que más me impresiona de él es su sentido clínico para dar con un documento en un archivo. Y que con una vida tan poco aventurera como la suya, del archivo a la biblioteca, hiciera de su vida una aventura.

-Cuenta que se quedó dormido viendo 'La mujer del teniente francés'...

-La vimos en un cine de París. Yo también di alguna cabezada.

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