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"Podemos ayudar a los vascos, pero no podemos suplantarlos"

-¿Cómo se vincula con este Observatorio?

-Soy periodista y durante veinte años, entre 1976 y 1996, estuve trabajando en el País Vasco, en Vitoria. Fueron años muy duros, de muchas capillas ardientes, muchos funerales. En 1996 me incorporé como director de comunicación y portavoz del Ministerio del Interior siendo ministro Jaime Mayor Oreja. Esa etapa coincidió con el secuestro de Ortega Lara y con asesinatos como los de Miguel Ángel Blanco, Alberto y Ascen y el doctor Cariñanos en Sevilla, Ernest Lluch en Barcelona, Fernando Buesa en Vitoria, Martín Carpena en Málaga. Viví muy de cerca esa barbaridad de ETA.

-Llega al País Vasco en 1976, un año después de la muerte de Franco. De los 40 años de Franco se pasó a los 40 años de ETA.

-Muchos años de destrozar familias y proyectos de convivencia. Si de algo no me cabe hoy ninguna duda es de que las víctimas del terrorismo son lo mejor de nuestra sociedad. En la medida en que el terrorismo acabe, y eso lo veremos, existe un peligro, que es el olvido. Y no podemos olvidarlas nunca. Lo mucho que les debemos, la página tan importante que han escrito en la historia de España tantos que cayeron en el camino y dieron su vida para que disfrutemos de una sociedad libre.

-¿La globalización del terror globaliza el dolor?

-Los efectos perversos que provoca el terrorismo son iguales en todo el mundo. El dolor es el mismo, la frustración es la misma, independientemente del origen del terrorismo, de sus justificaciones ideológicas, religiosas o culturales. Lo dicen las propias víctimas, sean de Bali, de las Torres Gemelas, de las FARC o de la banda terrorista ETA.

-¿Se recuerdan más ahora los muertos de la Guerra Civil que los más recientes del terrorismo etarra?

-No son víctimas socialmente equiparables. El dolor es el mismo, el que siente alguien que ha perdido a un ser querido. Pero no se pueden comparar las muertes provocadas por el terrorismo con las producidas en un conflicto fratricida.

-Han premiado a concejales vascos del PSOE y el PP. ¿No es paradójico que se pongan de acuerdo donde más difícil lo tenían?

-Tiene razón. Y llama la atención que en el resto de España sea más complicado. Las víctimas han vivido ese cambio, la llegada de un lehendakari constitucionalista como Patxi López, con esperanza. En los gobiernos del PNV se sintieron abandonadas, no queridas, ofendidas cuando se equiparaba a víctimas y verdugos. Patxi López ha acabado con la impunidad en calles y pueblos. Por eso resulta intolerable que fuera de ese escenario, en Sevilla por ejemplo, un Ayuntamiento financie con dinero público el concierto de un grupo llamado los Chikos del Maíz que ofende la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo.

-¿Se sintió ofendido?

-No es de recibo que estos supuestos cantantes digan de Ortega Lara que es un contorsionista. Sufrió tortura durante 532 días. Estuvo en un zulo inmundo que tuve la oportunidad de visitar cuando fue liberado.

-¿Ampliar la perspectiva del terrorismo es perder la perspectiva?

-Hoy la amenaza terrorista es mundial. Cualquier país del mundo, sobre todo las sociedades libres, es objetivo terrorista. No recuerdo que en Cuba haya habido ningún atentado.

-En su etapa de periodista en el País Vasco, ganaron cuatro Ligas. ¿Se guardó algún minuto de silencio?

-Nadie se atrevió a plantearlo. Se decía que allí se vivía muy bien: un paisaje bonito, una gastronomía fenomenal. Cada tres o cuatro días había un atentado. El asesinato a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco supuso un cambio de inflexión. De todas formas, es la sociedad vasca la que tiene que derrotar el odio y el fanatismo que ha sembrado ETA. Los demás podemos ayudarlos, pero no suplantarlos.

-Usabiaga liberado para cuidar de su madre, De Juana Chaos en paradero desconocido, Josu Ternera tres cuartos de lo mismo...

-Todo eso es un disparate y hay que intentar evitarlos por parte de la Justicia, el Ejecutivo o la Policía. La Policía, gracias a Dios, comete pocos disparates. Hay que alabar la labor eficaz y concienzuda de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Como decía Mario Onaindía, menos mal que en la lucha antiterrorista nos queda la Guardia Civil.

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