El salto a la reja más madrugador de este siglo

  • Nada más que el Simpecado asomó por la puerta del Santuario se produjo el encuentro de los almonteños con su Patrona, eran las 02.32 horas · La procesión comenzó veinte minutos después

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Ha sido el salto a la reja que más pronto se ha producido en lo que va de siglo. Eran las 2.30 horas de la madrugada del Lunes de Pentecostés cuando los almonteños se fueron al encuentro de su Patrona, la Virgen del Rocío, la Blanca Paloma, la Reina de las Marismas. Apenas si el Simpecado de la Matriz había asomado por la puerta del santuario cuando los primeros almonteños se agarraron a Ella. Ni siquiera había llegado al presbiterio cuando se produjo la apoteosis, cuando se desataron las pasiones, las emociones y todo el cúmulo de sensaciones que se producen dentro del santuario cuando llega la hora y Ella llama a sus hijos.

Tampoco había despuntado el alba, como dice la tradición para que dé comienzo la procesión, y decenas de almonteños ya estaban sujetando las andas y los varales. Así se iniciaba el recorrido de la Señora por la aldea almonteña, procesión que iba a prolongarse durante varias horas y que iba a estar marcada por intensos momentos de devoción hacia la Divina Pastora a su paso por las hermandades filiales y la propia Matriz. Como no podía ser de otra forma, el salto y la procesión resultaron ser como suele decirse una desorganización organizada, y en la que nada es fruto de la casualidad porque todo cuanto acontece tiene un guión. El que marca Ella y el que los almonteños siguen. Como siempre, también la romería de ayer resultó diferente a las de otros años. Mucho se había especulado con la hora del salto, ya que al parecer algunos hermanos estaban molestos porque el Simpecado cuando llegó el miércoles a la aldea no pasó por el santuario y se fue directamente a la casa hermandad, pero por muchos comentarios, el salto sólo se produjo cuando el estandarte estuvo en el templo.

El santo rosario, en el que participan todas las hermandades, comenzó a las doce de la noche como estaba previsto. Como en otras ocasiones parecía que todo estaba pensado para intentar retrasar la llegada del Simpecado a la ermita para que el salto fuera lo más tarde posible y coincidiera cuando despuntara el alba. Pero antes incluso de que comenzara el rosario ya había algunos almonteños en la reja, mientras algunos romeros comenzaban a tomar posición para poder disfrutar de un lugar estratégico donde poder contemplar la salida en procesión de la Virgen.

Poco iba a durar esa calma, ya que conforme fueron pasando los minutos el santuario comenzó a llenarse de gentío al igual que la explanada. En el interior del templo el calor no era el sofocante de otras veces, pero porque los romeros con más templanza sabían del recorrido del rosario y que faltaba tiempo para su conclusión. Sin embargo, pasada la una y media de la madrugada se produjo el primer intento de salto, lo que desató la euforia de todos los congregados en la ermita, donde no cabía ya un alfiler. Y es que algunos almonteños estaban sentados literalmente en la reja. Otros habían cogido un buen sitio para el salto y sabedores de ello desafiaban a cuantos tenían a su lado. Sólo el santero y las palmas lograban calmar a los más impacientes. Tras un segundo intento, que no llegó a más, la consigna que circuló por la ermita fue que había que sacar a la Virgen del presbiterio a hombros porque la puerta de la reja este año tiene mayores dimensiones. Habría que esperar unos minutos para conocer el desenlace.

Este se produjo en el mismo momento en que el Simpecado apareció en el dintel de la puerta. Miles de personas lo esperaban en la explanada conocedoras de que cuando éste llega se produce el salto. En el interior, el calor sí era entonces sofocante sobre todo porque se habían producido los dos intentos y los forcejeos empapaban ya las camisas. Inútil fue que se pidiera calma para que el estandarte pudiera abrirse paso por la nave central y llegar ante la Blanca Paloma. La señal estaba dada para que los almonteños ya sin freno se lanzaran volando a arropar con sus hombros a su Patrona y llevarla en volandas por el templo y después por la aldea. Una vez que saltaron los primeros se procedió a la apertura de la reja para que los otros pudieran entrar a raudales en el altar. Algunos optaban todavía por saltar la reja, toda una hazaña para quien lo lograba. El revuelo dentro del presbiterio era tal que no fue posible bajar del camarín a la Virgen a hombros. Para sortear el desnivel fueron necesarios varios minutos, el tiempo necesario para que comenzara a imperar cierto orden. Por fin, los almonteños lograron dejar el paso de su Patrona en el suelo y comenzaron a abrirse paso entre la multitud. Veinte minutos después de salto, lograban sacar el paso del templo ayudados por las ruedecillas.

El gentío que espera a la Blanca Paloma en la explanada pudo ver entonces su rostro, una vez que los almonteños la alzaron entre el repique de campañas y los aplausos. Entonces surgieron más lágrimas, las cámaras de los móviles, los vivas, dando comienzo la procesión. Los primeros pasos de la Blanca paloma ya en la calle fueron un tanto sin rumbo fijo y se desplazaba de una lado para otro pero siempre a hombros de los almonteños que la mecían y se afanaban para que nunca tocase el suelo.

Tras permanecer un rato en la explanada inició el recorrido al encuentro de los simpecados de las hermandades filiales. Como siempre la primera en ver a la Reina de las Marismas fue Huévar debido a su proximidad al santuario. Después, siempre acompañada por miles de romeros, se sucedieron las vivencias durante el tiempo que estuvo a hombros de sus hijos. Las calles de la aldea se convertían así en un escenario privilegiado de unos de los momentos más intensos de la romería. La Virgen devolvía así la visita que los romeros realizan cada año a El Rocío para rendirle pleitesía.

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