Los rocieros de Cádiz ya están de camino a la aldea

  • El obispo diocesano presidió la misa de romeros en la parroquia de San José, en la que radica la hermandad · Los peregrinos se despidieron de la Patrona

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La hermandad del Rocío de Cádiz ya ha iniciado el camino hacia la aldea almonteña, tras celebrar la misa de romeros y despedirse de la Virgen del Rosario, la Patrona de la ciudad, en su santuario dominico.

En la parroquia de San José, donde radica la hermandad, el obispo diocesano, Antonio Ceballos, presidió la tradicional misa de romeros,  en presencia de numerosas personas.

A continuación el Simpecado fue colocado en su carreta y se formó la comitiva, a la que precedían un grupo de piteros y  abrían las banderas e insignias de la hermandad, a las que seguían los miembros de su junta de gobierno, encabezados por el hermano mayor Manuel Montaño, así como el director espiritual, Oscar González, el teniente de alcalde Vicente Sánchez y el vicepresidente del Consejo de Hermandades,  José Luis Granados.

A los hermanos y hermanas dispuestos a realizar el camino se unieron como en años precedentes  otras muchas personas, destacando la presencia de mujeres con trajes de faralaes, formándose un colorido cortejo que recorrió la Avenida principal,  cruzó las Puertas de Tierra y bajó la Cuesta de las Calesas para acceder a la plaza de San Juan de Dios cuando el reloj del Ayuntamiento marcaba las diez de la mañana.

Poco después la comitiva llegaba a la altura de la Casa Consistorial de la que salió la alcaldesa Teófila Martínez para ofrendar un ramo de flores al simpecado y unirse a la presidencia del cortejo que enfiló la calle Sopranis para llegar poco antes de las diez y media de la mañana a la iglesia de Santo Domingo, ya a esa hora abarrotado de público.

El prior del santuario, el dominico Pascual Saturio, se dirigió a los presentes para resaltar que la imagen de la Patrona de la ciudad estaba colocada a los pies del presbiterio con motivo de celebrarse el pasado domingo el día de la Madre y de la Rosa e invitó a todos a entonar la salve.

Saturio pidió a la Virgen que acompañara a los romeros en su camino hasta ponerse ante la Virgen del Rocío “para recibir el don del Espíritu Santo, que es lo que representa la Blanca Paloma”.

Después se reprodujeron los vivas a ambas advocaciones, Rosario y  Rocío,   la Madre de Dios, sin olvidar al Pastorcito Divino.

Finalmente el prior del convento pidió a la Virgen del Rocío que los recibiera con la misma alegría con la que se despedían y a los rocieros que le pidieran por los que se quedan en Cádiz.

A las puertas del santuario se volvió a formar la comitiva que subió de nuevo la Cuesta de las Calesas, cruzó las Puertas de Tierra y se dirigió hacia el colegio salesiano San Ignacio, donde estaba previsto rezar el Angelus ante el monumento a María Auxiliadora.

Más tarde, después de atravesar el puente Carranza y almorzar en los pinares del río San Pedro, los romeros  formaron  una caravana que partió por carretera en dirección a Sanlúcar, donde tenían previsto cruzar el Guadalquivir en la playa de Bajo de Guía.

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