Polémico y tardío embarque en la playa sanluqueña de Bajo de Guía

  • Tensión entre las autoridades y la hermandad a causa de la caballería

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En Bajo de Guía todo sucedió a las 18,23, cuando la carreta del Simpecado, mandada por Mandro Bernal y el carrero, accedían con tranquilidad a la barcaza más grande de Cristóbal. La polémica surgió cuando se obligó a la caballería a acompañar a la carreta principal en vez de hacer el tránsito con las restantes carretas, lo que provocó el enfado del hermano mayor, que tomó la decisión de no desembarcar el Simpecado en Malandar para regresar a Bajo de Guía con el objeto de cruzar con las trece carretas restantes. Esto creó una situación tensa entre las autoridades del embarque y la propia hermandad que se resolvió como quería la hermandad. En todo caso, como cada año, fue el adiós a la urbe y dar paso a las maravillas del Coto, ese paraje encantador y el entorno natural que el rociero anhela durante todo el año. Es la frontera real y sentimental que marca la desembocadura del Guadalquivir para los que se quedan y los que se van. Así se desarrollaba un embarque más tarde que nunca, menos retraso del que se podía pensar debido a los parones. El temor a tenerse que quedar en Sanlúcar desapareció una vez que se comprobó que, pese a las circunstancias de la mar, era posible atravesar hasta Doñana. Todo gracias al ritmo que se imprimió a la caravana que hizo posible recuperar el tiempo perdido. Con pleamar, sin oleaje y gracias al orden y organización en el dispositivo del embarque, que mejora cada año en detrimento del espectáculo a pie de playa para el público en general, se desarrolló la operación para la tracción animal y para los pocos vehículos que le precedían, ya que la mayoría de los vehículos cruzaron el río con antelación a la llegada del Simpecado. La fuerza de las corrientes obligaba a desembarcar el Guadalquivir adentro, muy lejos de la cancela de entrada a Doñana, un trayecto arenoso que hubo que sumar a la larga caminata del día. Así fue la llegada a la playa de Malandar. Todas las barcazas estaban a pleno rendimiento incluidas las dos de la Armada que implementaron el embarque un año más. Tras aguardar algunos minutos a recomponer la comitiva, se enfiló la entrada de Las Ventas buscando Marismilla.

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