Flores para Ella en su visita a Jerez

  • La Vírgen del Rocío estuvo ayer temprano ante la casa de hermandad, a las 10.25, y permaneció unos dos minutos ante el Simpecado

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Bajo una lluvia de pétalos de flores, la Virgen del Rocío llegó a Jerez a las 10,25 de la mañana permaneciendo por espacio de dos minutos frente al Simpecado. Fue más temprano que en años anteriores, algo que se vio venir desde que a las 2,30 de la madrugada saltaran la reja los almonteños. Fue antes en relación con el pasado año, lo que estuvo en sintonía con el ritmo rápido que tuvo la procesión. Tanto fue así que, poco después del mediodía, la Virgen ya estaba entrando en la ermita para media hora después quedar situada en el altar en sus andas. Fueron por tanto algo más de diez horas de procesión con el público habitual en el lunes de Pentecostés en el Rocío, especialmente en los momentos más significativos del transitar de la Reina de las Marismas por la aldea.

El encuentro con las camaristas, con los tamborileros en el Real junto a Coria, con la hermandad de Huelva y con el grupo Senderos, fueron algunos de los instantes para disfrutar de la procesión. El efecto de la subida de la mesa de las andas para hacer más difícil llegar a los varales, se consiguió hasta cierto punto, según testimonios de los almonteños que se volvieron a quejar de los que se enganchan en los varales y hacen más complicado el caminar.

Así fue transcurriendo la larga madrugada hasta despuntar la mañana. Sobre las 8,30 minutos la Virgen asomaba por la explanada de la calle Almonte donde se reúnen cada año decenas de simpecados a la espera de la visita, entre ellos y en su casa el de Jerez. Viendo la celeridad de la procesión, con unas andas que se posaron sobre la arena en varias ocasiones, Fernando Calderón preparó la petalada de flores desde el balcón principal de la casa sobre las nueve y media de la mañana. La campana empezó a sonar diez minutos antes de la diez llamando a la Virgen.

Ya todo estaba dispuesto para la visita: el cura preparado llamando a la Señora, el Simpecado en manos del secretario y la multitud de costumbre ocupando los metros cuadrados existentes frente a la casa jerezana. Las palmas por bulerías fueron el primer signo de que la Virgen se acercaba. Tras visitar Rota, las andas enfilaron la casa de Jerez para presentarse ante el Simpecado. Pese al esfuerzo por acercarlos lo más posible, de meterlo más adentro de la casa, la multitud hizo imposible la maniobra. Se hizo todo por acercarla, con el ímpetu de los rezos y vivas del padre Alexis, que entonó la Salve de rigor para inmediatamente retirarse las andas dos minutos después de una visita que fue más temprana que el pasado año. Entre el público, rostros de siempre y otros que se echaron de manos como José Luís Valle un fiel a esta cita que ahora goza de las marismas eternas al igual que Lete y el padre Jesús, cuya estampa siguió en el Simpecado, y otros que nos dejaron este año. Al obispo jerezano apenas si le dio tiempo de vivir la visita dado que llegó a las diez y media de la mañana. También faltó la alcaldesa por el fallecimiento de su amiga, Fali Cornejo, la que le trajo por primera vez al Rocío hace ocho años. El volumen de personas frente a la casa fue el mismo de todos los años con mucha presencia de almonteños con Jerez, entre ellos algunos de los de siempre como Martín y Alonso, así como José Luís, Antonio y Luís, los tres que han hecho el camino con la hermandad y que se sintieron uno más de la hermandad. Así fue como este año la Virgen llegó a Jerez, una visita que supo a poco para algunos y que fue plena para la mayoría. No importó el tiempo que permaneció o si entró más adentro, la vivencia de ver de cerca de la Señora complació a los rocieros y rocieras que cumplieron con la tradición de estar en la casa en la mañana del lunes y recibir la bendición de la Virgen que fue avanzando por la calle Almonte buscando la calle Carretas, casi en las postrimerías de la procesión.

A las doce y cinco minutos las andas traspasaron el dintel del santuario, ocupando poco después su sitio en el altar mayor. La llegada a Jerez ofreció estampas que por repetidas no desmerecen en intensidad y emoción con niños que fueron acercados al manto y a los varales; rocieros pugnando por tocar con su hombro las andas y la nota singular de este año de los pétalos de flores cubriendo la llegada. No cabe duda alguna que se está consolidando el momento de Jerez en la procesión, equiparándose a otros como la visita a Triana, La Puebla, Sanlúcar o Huelva, por poner algunos ejemplos de hermandades señeras que el lunes de Pentecostés merecen acercarse para vivir muy de cerca la verdad del Rocío.

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