Devoción en la fiesta grande del embarque en Sanlúcar

  • Las hermandades rocieras de la provincia cruzaron ayer el río Guadalquivir para realizar su camino por el coto de Doñana hasta la aldea almonteña

Como cada año, Sanlúcar se despertó muy temprano en la segunda jornada de embarque de las hermandades rocieras de la provincia de Cádiz en la playa de Bajo de Guía, paso obligado para los devotos de la Blanca Paloma antes de realizar su camino por el Espacio Natural de Doñana hacia la aldea de Almonte.

El centro urbano de la ciudad de la manzanilla y los langostinos era un hervidero de gente desde las primeras de la mañana, habida cuenta que en plena calle San Jorge, donde radica la Iglesia de la Virgen del Rocío, estaba programada la misa de romeros de la hermandad sanluqueña antes de iniciar su recorrido en dirección a Bajo de Guía. La alcaldesa de Sanlúcar, Irene García, se dirigió a los peregrinos locales deseándoles "un excelente camino" y destacando el "buen comportamiento que ha caracterizado siempre" a dicha entidad religiosa. En este sentido, pidió a los romeros que "Sanlúcar sea, como ha venido siendo hasta ahora, ejemplo de hermandad". El máximo responsable de ésta, Eusebio Acosta, también intervino ante los presentes para, entre otras cosas, agradecer a los rocieros sanluqueños que, en general, respondieran afirmativamente al llamamiento oficial realizado en las últimas semanas para que empezaran a embarcar el martes, primera jornada de tránsito por Bajo de Guía, con el objetivo de "facilitar" a las hermandades de El Puerto y Jerez su paso por el río en estos días de mareas excepcionalmente altas. "Este gesto demuestra que formamos una hermandad con mucho prestigio y mucha clase, una hermandad de buenos rocieros", afirmó emocionado el hermano mayor.

Antes de llegar a la playa, los peregrinos de Sanlúcar lucieron su simpecado por calles céntricas del municipio donde desemboca el Guadalquivir, suscitando el interés de numerosos católicos y curiosos, en especial de no pocos alumnos de centros escolares que hicieron una pausa en sus clases para contemplar el paso de la carreta por lugares como las avenidas del Cerro Falón y de Bajo de Guía. Incluso los más pequeños de cada casa querían ser partícipes de esta fiesta grande. No muy lejos de allí, el delegado del Gobierno andaluz en la provincia, José Antonio Gómez Periñán, subrayaba la colaboración del Ayuntamiento con el Plan Romero por habilitar el recinto de embarque de Bajo de Guía "mejor que en años anteriores".

Fue precisamente Gómez Periñán quien el pasado 22 de febrero entregó a Acosta una distinción especial de la Junta a la Hermandad del Rocío de Sanlúcar con motivo del 28-F. Y es que se trata de la más antigua de la provincia, ya que sus comienzos se remontan al siglo XIV, aunque su fundación data aproximadamente de 1650. La Junta destacó, además de su antigüedad, el hecho de que esta entidad, que cuenta actualmente con unos 3.900 hermanos -es, de hecho, de las más numerosas de la provincia-, ejerce de hermandad matriz del resto de las de Cádiz, aparte de ser una de las cinco filiales fundacionales.

En este acontecimiento multitudinario del litoral sanluqueño constituye un momento especialmente emotivo la parada de las hermandades rocieras de los distintos municipios gaditanos ante la Capilla de Nuestra Señora del Carmen de Bajo de Guía, donde las oraciones, los cantes y las ofrendas florales se han convertido en costumbres llenas de contenido religioso en este tramo de la peregrinación por la provincia. De ahí que motive el interés de muchos sanluqueños y visitantes que no desaprovechan la oportunidad para disfrutar de estos ratos cargados de fervor. Tanto la hermandad anfitriona como las de El Puerto y Jerez hicieron lo propio junto a este pequeño templo del enclave gastronómico por excelencia de Sanlúcar.

Una vez en "las arenas del Coto", como les gusta decir a los rocieros de toda la vida, la hermandad sanluqueña comenzó a cruzar Doñana el resto de la jornada de ayer hasta llegar al llamado Cerro del Trigo, donde pasó la noche. En cuanto a las hermandades de El Puerto y Jerez, acamparon en la zona de Las Lindes y el Palacio de las Marismillas respectivamente.

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