El hálito de Chéjov

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Quien conoce la obra de Chéjov disfruta de un plus añadido cuando se sienta en la butaca y, entre la penumbra, le llegan las voces de distintos personajes que quedaron atrapados en las páginas de un libro, de dos libros. La débil voz de un violín... en una gélida noche... a través de una luz velada, de foto antigua, nos muestra a una mujer sentada ante una mesa repleta de papeles añejos, en un café también añejo. A su lado, lejos aún, un hombre abrazo a un violín. Ambos en silencio. Esta puesta en escena que nos plantea José Carlos Plaza es una hermosa metáfora donde los personajes están imbuidos en un mundo irreal, aislados de la verdad, y en este caso hasta del espectador, ya que su concepción inicial está pensada para espacios más pequeños e íntimos, cosa que nuestro Teatro no propicia para un espectáculo de estas características.

El texto de Brian Friel -traductor oficial del autor ruso- especula sobre un hipotético encuentro entre dos personajes del reconocido autor: Sonia de Tío Vania y Andrei de Tres hermanas. Afterplay significa además de "después de la obra", "después del juego", siendo una de sus particularidades que cada escena desmiente a la anterior. La apariencia, lo real, se dan la mano constantemente en la obraý siendo otro precioso juego de Friel que tiene que ver con su obsesión por la búsqueda de la identidad.

Blanca Portillo y Helio Pedregal consiguen transmitir la esencia de unos personajes que parecen haberse inventado a sí mismos y que se despojan de esas mentiras para quedarse en lo que realmente son: más hermosos, más bellos. Logran magistralmente recrear un momento feliz que acaba mal y que finalmente repunta. Él sigue escribiendo y ella vuelve al lugar donde parte después de una noche de batalla campal.

Los escasos espectadores de la noche del viernes en el Municipal, parecíamos abedules en el fondo de un jardín esperando pasar nuestra existencia en una sala de espera de un centro de salud. Una vez más el concierto de toses intempestivas superó las expectativas. Y quizás también faltó tiempo para publicitar adecuadamente esta obra de actores de primer nivel. Posiblemente en el pecado llevemos la penitencia.

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