Una familia lleva 15 días sin salir de casa por una invasión de ratas

  • Tras una quema de rastrojos en la parcela anexa, en el Pago de La Caridad, los roedores campan a sus anchas por una finca en la que viven tres niñas pequeñas

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Una familia del Pago de La Caridad vive inmersa en una pesadilla desde hace dos semanas. Todo empezó a finales del pasado mes de junio, cuando en la parcela situada junto a su vivienda -en la que también hay una casa pero habitualmente deshabitada durante casi todo el año- se llevó a cabo una quema de rastrojos. Las consecuencias no se hicieron esperar y a raíz de la quema aparecieron cientos de ratas que desde entonces quitan el sueño a esta familia, formada por un matrimonio joven con tres hijas de 6, 4 y 1 años de edad.

La primera reacción de la madre fue avisar a la Guardería Forestal, cuyos agentes se personaron allí y se llevaron las manos a la cabeza, pero poco más. Nadie hizo nada. La familia, ante la falta de respuesta municipal, contrató por su cuenta un servicio privado de desratización y fumigación que le costó 350 euros y llenó la parcela de bloques de veneno, por lo que el peligro se duplicó para las niñas, que llevan quince días sin salir apenas de la casa por el miedo de sus padres a que puedan dar con un trozo de veneno -el bebé aún gatea- o con alguno de estos roedores que pesar del tratamiento, siguen campando a sus anchas por la finca. Incluso la pequeña perra que tiene la familia ha tenido que ser tratada ya en varias ocasiones por el veterinario, tras haberse comido alguna rata, por lo que ya la madre tampoco se fía de que sus hijas estén en contacto con el animal. De hecho una de las niñas, la mediana, ha estado varios días con fiebre muy alta sin motivo aparente, por lo que el temor de sus padres es que pueda haber tenido algo que ver con la invasión de roedores.

El pasado domingo, ante la falta de respuesta de las autoridades, la familia presentó una nueva denuncia, esta vez ante la Policía Local, contra el dueño de la parcela anexa por la situación creada. Mientras tanto, las niñas siguen encerradas a la espera de que la situación se normalice mientras su madre reconoce que está atravesando un comienzo de verano que no le desea a nadie. "Nos compramos esta casa para disfrutar con nuestras hijas al aire libre y ahora no nos atrevemos ni a salir de casa", denuncia.

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