Mestizaje cultural en una cabalgata que sigue sin cuajar

  • Por primera vez participó en el recorrido una carroza de la comunidad boliviana · La presencia de público fue bastante aceptable a pesar del intenso viento y el frío

Ni con IP ni con el PP. La cabalgata del Carnaval de El Puerto es un espectáculo que sigue sin cuajar, al menos por los comentarios que podían escucharse ayer durante el recorrido de la comitiva, que partía a eso de las tres de la tarde desde la Plaza de Toros y enfilaba después varias calles hasta llegar a la explanada de Pozos Dulces, en un recorrido en el que el frío y el intenso viento no invitaban precisamente a estar en la calle. Pese a lo desangelado del recorrido —las carrozas avanzaban a un ritmo desigual, con grandes claros entre una y otra y sin ningún tipo de cuidado en  los detalles— el público respondió de forma más que aceptable y muchas personas contemplaron la comitiva  tanto a primera hora de la tarde como después por la zona de Micaela Aramburu y la Ribera.

Lo más curioso sin duda de la tarde fue la presencia, con una carroza que se alzó con el tercer premio, de la comunidad boliviana de la ciudad, que ellos mismos cifran en cerca de 3.000 personas. En la carroza figuraban dos agrupaciones diferentes, por un  lado los ‘bolivianitos’ de Santa Cruz, ataviados con la bandera blanca y verde de esta región situada en la zona oriental del país, y por otro los ‘tinku’ de Cochabamba, en la cordillera de los Andes, con vistosos trajes de colores que recordaban a los atuendos  bereberes. Por primera vez los bolivianos residentes en El Puerto se han unido y se han animado a salir en el Carnaval, algo que según dijeron ayer volverán a hacer en próximas ediciones “a ver si con nuestra ayuda colaboramos a levantar aquí  esto”, comentaron. En el país andino el Carnaval se vive más con bailes que con coplas, pero aún así el espíritu de la fiesta es universal.

 En la cabalgata de ayer hubo de todo. Las coquineras infantiles y adultas con sus trajes nuevos, en una carroza que estaba rematada por una gran coquina; un pelotón de ciclistas que era quizás el grupo más numeroso; una estación de esquí llena de muñecos de nieve de la peña El Vaporcito; una mezquita con moros a los que les gustaba el ‘jalufo’, una peluquería con muy malos pelos y una extensa representación de las agrupaciones que han participado este año tanto en el festival de agrupaciones como en el concurso del Falla. Sigue habiendo, sin embargo, detalles espantosos como los carritos del Carrefour que sirven para el avituallamiento de las agrupaciones, llenos de botellas de whisky y litronas a la vista de todo el mundo. El ritmo de la cabalgata es también muy pesado, con las carrozas muy separadas entre sí y muchos espacios muertos, por no hablar de las cajas de cartón más que cutres que se pueden ver sobre las carrozas, sin ningún tipo de decoración ni camuflaje, de las que se van sacando las serpentinas y papelillos.

El año pasado los populares, aún en la oposición, se quejaron de lo que consideraron una cabalgata “pobre y deslucida”. Más de lo mismo se podría decir de la cabalgata de este año, a pesar del esfuerzo de las agrupaciones y de las peñas y asociaciones por intentar relanzar la fiesta en la calle. La noche del sábado, por otro lado, dejó también mucho que desear en cuanto a lo que se entiende como ambiente carnavalero.

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