Antiguos alumnos del colegio de San Luis Gonzaga

José Ignacio de Alberti, dramaturgo y traductor

  • Fallecido en el exilio en el año 1943, fue funcionario del Ministerio de la Gobernación

José Ignacio de Alberti, dramaturgo y traductor José Ignacio de Alberti, dramaturgo y traductor

José Ignacio de Alberti, dramaturgo y traductor / Fotografía de

José Ignacio de Alberti Gómez nació en la carrera del Genil, de Granada, el 31 de julio de 1877 y se bautizó en la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias. Fueron sus padres Tomás de Alberti Sanguinetti († 1916) -contratista de obras públicas oriundo de Génova- y la onubense Dolores Gómez Sabina, quienes tuvieron otros seis vástagos. Rafael Alberti, cuya abuela materna -Josefa- era hermana de la madre de nuestro biografiado, se refiere a él en La arboleda perdida como el "pacífico, tierno, sentimental" tío Pepe Ignacio.

En el curso 1886-1887, José Ignacio de Alberti ingresó en la clase de instrucción primaria del colegio jesuita de San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María (Cádiz), del que ya era alumno su hermano Miguel Ángel (otro hermano, Tomás, lo había sido entre 1879 y 1882). El rastro documental de su paso por el internado portuense es escaso, si bien pone de manifiesto que José Ignacio no destacó ni en conducta ni en aplicación. Sabemos que en los exámenes oficiales de junio de 1889 obtuvo un aprobado en Geografía de primer año de bachillerato, pero que no se presentó a la asignatura de Latín y Castellano. Aquel curso 1888-1889 -primero del rectorado del padre Ildefonso del Olmo- fue seguramente el último de estancia en el colegio de José Ignacio, que tuvo como condiscípulos, entre otros, a Antonio Lobo, Luis Medinilla, Julio Merello y al futuro jesuita Enrique Martínez Colom, todos ellos portuenses.

Es presumible que José Ignacio regresara entonces a Granada, aunque no consta que finalizara allí el bachillerato. Según Rafael Alberti, en la ciudad del Darro su pariente "había querido ser pintor, pero las aficiones literarias fueron pudiendo más en él, haciéndole abandonar su juvenil deseo". No volvemos a tener noticias de José Ignacio de Alberti hasta junio de 1899, cuando con casi 22 años y una vez redimido a metálico del servicio militar, fue nombrado en Madrid oficial de 5ª clase de administración civil del Ministerio de la Gobernación. Justo ese mismo mes y año apareció una colaboración suya en la sección 'Cuentos españoles' de la revista madrileña La Vida Literaria. Poco después empezó a frecuentar la famosa tertulia del Nuevo Café de Levante, lugar de encuentro de artistas y escritores, donde tuvo un altercado con Valle-Inclán. Allí conoció también a Pío Baroja, una de las personas que le visitaban en su despacho del negociado de la prensa del ministerio para charlar de literatura o política. Baroja ha escrito: "Alberti se cansaba de sus amigos. Conmigo riñó porque una vez le dije que me parecía absurdo que un hotel en Algeciras fuera tan caro como un hotel en Londres. […] Al parecer, los andaluces son muy puntillosos en cuestión de patriotismo local".

A principios de julio de 1914, el periódico católico El Eco Portuense informó de que en Puerto Real (Cádiz) se hallaba José Ignacio de Alberti, "autor de notables producciones teatrales que han alcanzado grandes éxitos en los coliseos de las principales capitales de España y en América". Para esa fecha, José Ignacio ya había estrenado comedias originales como Los jácaros (1910), en colaboración con Ramón de Godoy, premiada por el Ayuntamiento de Madrid; El diamante azul (1913), con Godoy y Miguel de San Román y El viaje entretenido (1913), también con Godoy. Tenía asimismo en su haber la traducción y adaptación de obras extranjeras, como Primerose (1912), Jimmy Samson (1912), La morera de plata (1913) o, con Enrique López Alarcón, Fígaro, barbero de Sevilla (1913). Después de 1914 estrenó las comedias policiacas Sebastián el bufanda (1916) y El collar de esmeraldas (1918), escritas ambas con López Alarcón, así como el drama Manos blancas (1919), y -con Juan Chacón- la comedia La diosa olvidada (1926).

Para la escena española tradujo y adaptó comedias de Weber y Gorsse (La chiquilla, con José Rosales, 1917) o Champris (La gorriona, 1921). La editorial Calpe publicó en su popular Colección Universal varias traducciones de Alberti Gómez, entre ellas Héctor Fieramosca (1920, dos tomos), novela del italiano Massimo D'Azeglio; El filósofo sin saberlo (1920), "drama burgués" de Sedaine, o las comedias de Molière El ricachón en la corte (1920) y El enfermo de aprensión (1922), reunidas posteriormente en un solo volumen de la Colección Austral.

Ascendido en agosto de 1923 a jefe de negociado de 3ª clase del Ministerio de la Gobernación, José Ignacio de Alberti lo era ya de 2ª clase cuando se proclamó la República en abril de 1931, siendo promocionado a jefe de 1ª clase en enero de 1935. Próximo al presidente Manuel Azaña, es probable que Alberti militara en Izquierda Republicana. Ciertamente, Azaña decretó el 30 de septiembre de 1937 -cuando José Ignacio desempeñaba en Valencia la jefatura de la sección de orden público del ministerio- su nombramiento como jefe superior de administración civil, en "recompensa a los servicios prestados a la causa legítima de la República". Trasladado junto con el Gobierno republicano a Barcelona poco después, Alberti retomó en esa ciudad la actividad masónica que había iniciado en 1917 en la Logia Hispano-Americana número 379, de Madrid. A comienzos de 1939 -ante la toma de Barcelona por las tropas de Franco- nuestro biografiado buscó refugio en Francia, uniéndose a la ola de exiliados. "La última vez que vi a Alberti -recuerda Baroja- fue en París, en marzo o abril de 1940, cuando la guerra y la invasión de los alemanes era inminente, a la puerta de un restaurante vasco llamado Zatoste, de la calle de Argenteuil, a donde iban muchos españoles. Estaba flaco, triste; había vivido unos meses en el campo, en Francia". Protegido inicialmente por Luis Ignacio Rodríguez, embajador mexicano en Francia (1939-1942), Alberti logró reemigrar a México, donde falleció el 2 de julio de 1943.

El 16 de agosto de 1939, José Ignacio de Alberti había sido separado del servicio y dado de baja del escalafón en aplicación de la ley relativa a la depuración de funcionarios públicos. En virtud de las medidas de indulto adoptadas con motivo de la proclamación de Don Juan Carlos de Borbón en 1975, la modesta pensión concedida hacia 1946 por el Gobierno del general Franco a la viuda de Alberti -Gracia Pradas Hidalgo- fue revisada en octubre de 1979, siéndole reconocido como tiempo de servicio efectivo el que pasó en el exilio, así como la categoría de jefe de administración civil de 2ª clase.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios