Fallece a los 58 años de edad el escultor portuense Enrique Calvario

  • Especializado en temas taurinos y en el modelado con barro, el artista ahora desaparecido fue pupilo de otro escultor, Juan Botaro, durante su juventud

En la mañana de ayer fallecía el conocido escultor portuense Enrique Calvario Ceballos, a los 58 años de edad, víctima de una enfermedad que se había recrudecido en los últimos meses. Enrique Calvario, decorador de profesión, siempre demostró una gran afición por la escultura y tras realizar sus estudios en el Centro de Artes y Oficios de Jerez entró en contacto con otro gran escultor portuense, Juan Botaro, a quien admiraba mucho. Tras recibir clases de Botaro, Enrique Calvario no comenzó a esculpir en serio hasta finales de los años 80, cuando ejecutó una serie de 35 retratos en los que inmortalizó a algunos de los personajes populares más conocidos de la ciudad, entre ellos Pepe el del Vapor; Cándida 'la Negra'; El Papi; Tonino, el Baba; la Farfolla o la Bilili. No fue sencillo sacar adelante la colección ya que muchos de los personajes ya habían fallecido y Enrique tuvo que realizar previamente una ardua labor de investigación a través de fotos que le facilitaron en tabernas y tascas de El Puerto. Osborne adquirió toda la colección. Calvario trabajó con gran maestría el barro y buena parte de su obra ha mantenido una estrecha relación con el mundo taurino. Así, numerosas peñas han contado con él para encargar trofeos y diestros de la talla de Enrique Ponce o de Ortega Cano cuentan en sus vitrinas con retratos realizados por Calvario. Una de las obras que se ha podido ver recientemente en una exposición ha sido un busto de Juan Lara creado por Enrique Calvario a finales de los 90 para la inauguración del instituto Juan Lara, busto que presidió hace tan sólo unas semanas la exposición sobre el pintor portuense organizada por la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia. También cuenta entre su obra con otras piezas destacadas como son los evangelistas del paso del Nazareno. Aunque gran parte de su obra está realizada en barro, también realizó destacadas piezas en bronce como las que conformaron la exposición organizada en el año 99 en la Plaza de Toros, con 26 figuras relacionadas con el mundo taurino.

Enrique Calvario siguió trabajando hasta casi el último momento en su taller de la glorieta Don Juan de Austria pero sus comienzos como escultor los vivió en la casa familiar de la calle Cruces, donde su padre tenía un almacén de grano y donde Enrique se crió junto a sus nueve hermanos. Aquel fue su primer estudio y allí comenzó a interesarse por el arte de la escultura. "Daba gusto verlo trabajar", recuerda su sobrino Juan Carlos, quien señala además que Enrique era una persona muy sencilla a la que le gustaba dar largos paseos por la playa.

El duelo se celebró ayer en el tanatorio de Jerez, hasta donde se desplazaron numerosos amigos y conocidos del escultor, que cultivó importantes amistades entre el mundillo cultural de la ciudad.

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