La construcción de la Alameda Historias de Cádiz

  • josé maría otero

A mediados del siglo XVIII la actual Alameda era un simple erial. Aprovechando la existencia de un pozo de mucho caudal en la llamada Caletilla de Rota, en 1750 se decidió levantar un paseo y plantar algunos árboles. Para recaudar fondos se organizaron unas corridas de toros y se contó con la ayuda económica del entonces gobernador de Cádiz, Juan de Villalba y Angulo, teniente general.

El paseo se convirtió en la principal novedad de los gaditanos, que convirtieron la Alameda en su lugar de paseo favorito. En el centro fue colocada una fuente rematada con una estatua de Hércules, realizada en mármol de Carrara y que se encuentra actualmente en el Ayuntamiento.

Posteriormente se hicieron grandes obras en la Alameda cuando se pensó levantar frente a la iglesia del Carmen el monumento a las Cortes de 1812. Este proyecto quedó en el olvido hasta que fue rescatado por un grupo de animosos gaditanos con motivo de las fiestas del primer centenario, en 1912.

En 1842 se colocaron en la Alameda grandes estatuas, ocupando el lugar preferente una de Columela, obra del gaditano José Vilchez.

Los llamados salones de Cristina, con bancos en los laterales y grandes explanadas para los paseos, aparecieron a finales del siglo XIX.

Pero la fisonomía actual de la Alameda no llegaría hasta los años veinte del pasado siglo, cuando el Ayuntamiento de Cádiz encarga al arquitecto sevillano, Juan de Talavera, el diseño de los jardines. Esta reforma provocó enormes críticas entre los gaditanos, que entendían que la Alameda perdía su estilo característico y pasaba a ser un rincón sevillano.

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