Lo mismo no siempre es igual

  • Igual que pasa con una enfermedad, es necesario conocer con precisión la gravedad y el alcance de la crisis y aplicar todas las medidas para combatirla · La actitud del paciente debe ser de confianza e ilusión

UN buen amigo y extraordinario músico, me explica que la percepción que se tiene al escuchar una pieza musical depende en un 50% de la calidad de la partitura y de la interpretación que haga el artista que la ejecuta, pero que el otro 50% depende de la actitud del que la escucha. Del estado de ánimo, de la concentración, de la predisposición para escuchar y de tantos otros factores. De todos ellos depende que una misma melodía nos conmueva o nos deje indiferentes. Esto no sólo ocurre en la música, sino que también pasa en los demás órdenes de la vida. Dependiendo de nuestro estado de ánimo una persona nos producirá una impresión u otra, en un partido de fútbol, según cual sea nuestro equipo y de la pasión que nos despierten sus colores, la misma jugada será una obra de arte o una casualidad si ésta la realiza el equipo rival. Incluso ante las enfermedades es muy importante el ánimo del paciente, su predisposición a superar la dificultad o su inclinación a dejarse arrastrar por ella.

Esto es así porque cada hecho, cada situación, cada momento, encierra en sí dos comportamientos muy diferenciados: el objetivo y el subjetivo. Obviamente el objetivo es la calidad de la partitura que escuchamos y el subjetivo es nuestra predisposición a escucharla.

La realidad que hemos descrito igualmente se produce en los fenómenos económicos y como no podía ser de otra forma, también se da en la crisis actual. La existencia de los elementos subjetivos es lo que da pie a las interpretaciones, a las previsiones más o menos optimistas, a opinar sobre su profundidad y duración, etcétera. De ahí las críticas apocalípticas de la oposición o el moderado optimismo de los gobiernos. También es muy distinta la percepción de la crisis de un parado o de un funcionario público. De un empresario de la construcción o de otro que produce bienes de demanda creciente.

En economía, es conveniente que la actitud de los analistas sea anticíclica para suavizar en lo posible los efectos de la crisis y, sobre todo, para no caer en la depresión; igual que en los momentos de crecimiento expansivo conviene llamar a la prudencia y no dejarse llevar por la euforia. Por ello, en la situación actual es necesario mantener una actitud positiva en el aspecto subjetivo que nos permita afrontar la dura situación con confianza. Pero todo esto son las percepciones subjetivas del fenómeno y no debemos olvidar los aspectos objetivos del problema. Al aproximarnos al conocimiento objetivo de los fenómenos hay que ser tremendamente realista y hay que hacer el diagnóstico más exacto posible sin concesiones a las tendencias subjetivas. Igual que ante una enfermedad es necesario conocer con precisión la gravedad y alcance de la misma y poner el tratamiento completo necesario para combatirla, aunque también con la mayor ilusión y confianza en la respuesta al mismo. Poco favor se haría al enfermo recetándole la mitad de los medicamentos que necesita para que se crea que está menos grave.

Y la realidad objetiva de la economía española y andaluza en este comienzo de año continúa siendo grave, aunque es verdad que la mayoría de indicadores de actividad, demanda y empleo denotan una menor intensidad en el proceso de deterioro, lo que nos lleva a pensar que lo peor de la crisis ha podido quedar atrás. Otra cuestión son las importantes secuelas que van a quedar y la dificultad para recuperar los niveles de actividad y de generación de renta que teníamos en el pasado.

Los aspectos más preocupantes del deterioro de la situación económica durante 2009 y que además nos diferencian de los países de nuestro entorno son, como es sabido, la fuerte destrucción de empleo y el acelerado crecimiento del déficit público. En el lado contrario, podemos observar cómo la propia crisis va corrigiendo algunos desequilibrios previamente acumulados, entre ellos destacamos la desaceleración de la inflación y la reducción de su diferencial con la zona euro; la reducción del déficit exterior, más por la caída de las importaciones que por el aumento de las exportaciones; el desapalancamiento del sector privado y se empieza a iniciar el ajuste en el sector de la vivienda. Con todo uno de los mayores peligros para 2010 se puede producir si se da un desfase entre el la recuperación española y la de las principales economías de nuestra área. Es normal que a medida que Alemania y Francia vayan saliendo de la crisis el Banco Central Europeo eleve los tipos de interés del euro, lo cual tendrá un duro coste para España en términos de financiación del déficit público y tampoco favorecerá la recuperación del consumo ni de la inversión.

Recuperando el razonamiento musical del inicio del artículo, es cierto que la partitura que se nos presenta para 2010 no tiene mucha calidad, pero pongamos toda nuestra atención y esfuerzo para obtener de ella los mejores resultados posibles. Feliz y próspero (aunque contra todo pronóstico) año nuevo.

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