La guerra del tomate

  • Las exportaciones andaluzas de este producto a la UE han crecido un 65% desde 2000 · El posible acuerdo agrícola con Marruecos pone en riesgo la cuota de mercado

No era nada raro, a finales de los ochenta y principios de los noventa, encontrar este titular en prensa: "Agricultores franceses incendian un camión con frutas y hortalizas procedente de España". El bloqueo de los productores galos a las exportaciones que venían de la península fue una constante durante años, ya que sentían como una amenaza real para su economía la entrada libre, sin aranceles, de productos tan o más competitivos que los suyos. Éste era uno de los precios que tenían que pagar por la entrada de España en el mercado común europeo.

La apertura trajo consigo un mar de oportunidades para la comercialización de algunos productos. Uno de ellos es el tomate. Desde 2000, año en que comenzaron a computarse las estadísticas de comercio exterior, Andalucía ha aumentado un 65% el volumen de exportaciones de este producto a la Unión Europea. La cuota de mercado en Europa de Andalucía con respecto al resto de España ha pasado del 33% en 2000 al 57% en 2008. Es decir, más de la mitad de todos los tomates que España exporta a la Unión Europea son andaluces.

Vender cada vez más directamente en los países de destino y menos a través de intermediarios ha facilitado la consolidación de esta posición de privilegio. No va a ser fácil mantenerla. Marruecos negocia con la Unión Europea un nuevo acuerdo agrícola para relajar los cupos y precios a los que está obligado en frutas y hortalizas. Organizaciones agrarias y comercializadores alertan de que, tras el boom de la agricultura hortofrutícola en Almería y Granada, podría venir una época de vacas flacas. Los afectados no serían pocos. Entre las dos provincias orientales suman 23.000 agricultores de invernadero. Allí se concentra, prácticamente, un tercio de la producción española de tomate, cifrada en tres millones de toneladas. Si sumamos a los productores los trabajadores, hablamos de un volumen de personas afectadas de cien mil personas.

María José Pardo es gerente de Hortyfruta, la interprofesional andaluza de frutas y hortalizas producidas bajo abrigo. "Cada vez lo tenemos más difícil, porque allí [en Marruecos] el coste de la mano de obra y de los insumos es mucho más barato. Y en la situación actual, de crisis, en la que cada vez hay menos construcción y más paro, gran parte de la economía andaluza se sostiene gracias a la agricultura". Marruecos ha incrementado de forma constante su cuota de mercado en la Unión Europea, y lo ha hecho en detrimento de España. Así, si en 2000 el 17% de todas las exportaciones hispanomarroquíes a la UE correspondían al reino alauí, en 2008, son el 35%. Las organizaciones agrarias denuncian que buena parte de este incremento se debe a que "los cupos han sido sistemáticamente incumplidos", dice Andrés Góngora, técnico de la Coag. Según los agricultores, Marruecos introduce en las épocas de mayor producción en Europa un contingente que supera con mucho el cupo y, además, a menor precio del fijado, 0,46 euros el kilo. Consecuencia: se genera una presión tal sobre el mercado que los precios en toda la Unión se hunden. Durante este mes, los agricultores almerienses han llegado a vender en origen el kilo de tomate a 0,15 euros. "Ellos ya están vendiendo por encima del cupo, y lo que nos llega es que no tienen prisas para llegar a un acuerdo; es Bruselas la que quiere firmar ya para comercializar sin traba alguna los excedentes lácteos y de cereal, y para exportar más tecnología", afirma Francisco Vargas, de Asaja Almería.

Alguna variedad muy valorada, como el cherry, se ha desplazado casi en su totalidad a Marruecos, simplemente porque "su coste en Andalucía es mucho mayor que los 0,46 euros que tiene fijados Marruecos, por lo que no es rentable", dice María José Pardo. Ante los bajos costes, algunos productores, muchos de ellos andaluces, están trasladando sus cultivos al otro lado del Estrecho.

¿Qué hacer? Hortyfruta, contraria al posible acuerdo, dice que, si este se produce, se le deben exigir a Marruecos las mismas garantías fitosanitarias que a los productores andaluces, "sobre todo después del esfuerzo que hemos hecho para instaurar el control biológico", dice Pardo. Al margen de la batalla política y social en las instituciones europeas, la gerente de la interprofesional apunta que es importante unir la oferta, bastante dispersa a pesar de la existencia de tomateras con gran implantación, como Casi, Vega Cañada, Casur o La Palma. También hace falta reforzar la identidad. Ya existe una denominación de origen, la de Cañada Níjar, y Hortyfruta ha puesto en marcha una contramarca, denominada Lola, que aparecerá no sólo en los tomates, sino en todas las frutas y hortalizas que tengan una cosa en común: proceder de Andalucía. El futuro del sector está en juego y crecer es el objetivo. A pesar de las dificultades.

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