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Modernización de regadíos Inversiones en el arroz sevillano

Operación Antitapón Salino

  • Los arroceros del Guadalquivir pretenden reducir un 60% su consumo de agua con la renovación del sistema de riego · El proyecto, elaborado por la firma ACT, tiene un presupuesto de 200 millones

Betis o Guadalquivir. Salino o dulce. Aunque cambien nombres, se mezclen las aguas y pasen los siglos, el río sigue siendo el eje motriz de la economía sevillana. Aguas abajo de la Punta del Verde, más allá de los confines del mundo urbanizado, el Guadalquivir esconde una de las zonas arroceras más productivas del mundo que abarca hasta casi los pinares de Bonanza, en las inmediaciones de Sanlúcar de Barrameda. En un año normal de lluvias, unas 330.000 toneladas de arroz salen de estas 35.500 hectáreas, generando más de 100 millones de euros de facturación, de los cuales dependen 6.000 familias. Para irrigar las parcelas de los arroceros, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir libera alrededor de 450 hectómetros cúbicos, más de un tercio de la dotación total de la cuenca para una campaña de regadío.

Pero ya no hay años normales de lluvias y el agua cada vez es más escasa. "Es insostenible gastar tantos recursos", asegura el director gerente de la Federación de Arroceros de Sevilla, Manuel Cano. Sobre todo porque 160 hectómetros cúbicos van a parar directamente al mar para contrarrestar el llamado tapón salino, el agua de mar que sube por efecto de la marea a lo largo del río. Aunque el arroz admite cierto grado de salinidad, el agua dulce extra es imprescindible para no quemar los cultivos.

La agrupación, que integra a todos los arroceros del Guadalquivir, presentó recientemente a sus socios el proyecto de modernización que está elaborando la empresa ACT, del Grupo Ayesa, con la premisa de evitar el despilfarro que supone el tapón salino. La obra cuenta con un presupuesto inicial de más de 200 millones de euros y permitirá renovar por completo el sistema trazado hace más de cincuenta años, cuando comenzó la explotación masiva del arroz.

En la actualidad, los arroceros captan el agua directamente del río mediante una docena de estaciones de bombeo que abastecen a las diferentes comunidades de regantes. "La obra consiste en unificar y adelantar la toma de agua y canalizarla con una sola estación de bombeo, lo que permitirá ahorrar también más del 30 por ciento de la energía que ahora empleamos", explica Cano.

El diseño de ACT emplaza esta única toma de agua en la Punta del Verde, cerca de Gelves, donde se unen el Guadalquivir y el canal de Alfonso XIII, que da acceso al puerto de Sevilla, lo que implicará la construcción de un azud y una pequeña esclusa para el paso de embarcaciones recreativas al puerto deportivo de Gelves.

A continuación, un canal trasladará el agua al nuevo cauce del río Guadaíra, que discurre en paralelo al Guadalquivir y que se convertirá en una "tubería" de más de 20 kilómetros. Justo antes de la unión de ambos ríos, un nuevo azud, de un metro y medio de altura, derivará el agua a cuatro grandes balsas, dos a cada lado del río, con una capacidad total de 100 hectómetros cúbicos. "Para unir las balsas de los dos márgenes, se construirá un sifón por el fondo del río con tres tuberías de 2,5 metros de diámetro", destaca el director gerente de la Federación de Arroceros.

Una nueva red de canales permitirá la distribución del líquido elemento conectando la nueva red con parte de las conducciones antiguas. El ahorro será considerable, según las estimaciones de la federación. "Con las balsas y 200 hectómetros cúbicos podremos regar una campaña", estima Cano, que recalcó que "no es una obra de hormigón, ya que podemos hacer los canales con la tierra que retiremos de las balsas".

El proyecto también supone la superación de una de las mayores trabas al dragado del Guadalquivir, que permitirá la entrada de barcos de mayor tamaño al puerto de Sevilla. Pero los arroceros mantienen sus recelos. "Nosotros no tendríamos influencia del mar al estar regando desde más arriba, pero sigo pensando que el dragado sería un desastre porque las corrientes serán mucho más fuertes y será más peligroso para los barcos", asegura el representante de los arroceros.

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