los carnavales de ayer en el diario

Más se perdió en Cuba

  • El Carnaval de 1899, un año después de la pérdida de la Gran Antilla, recogió en sus coplas la tristeza del momento, pero la alegría de la fiesta siguió estando presente en toda la ciudad

Una letra de 'Los Fregolis' y un disfraz de arlequina de la época. Una letra de 'Los Fregolis' y un disfraz de arlequina de la época.

Una letra de 'Los Fregolis' y un disfraz de arlequina de la época.

Un año después de la pérdida de Cuba, España asistió indiferente a esta gran tragedia nacional. En Cádiz, no.

En 1899, el primer Carnaval después del desastre, las coplas comentaban tristes y doloridas: "Ya se acabó la guerra / ya se ha firmado la paz / ya todos somos amigos / y aquí no ha pasao ná". Pero no todo fue alegría en aquellos días, ya que la continua llegada de barcos con repatriados enfermos y fallecidos empañó un tanto el contento que rodeó de siempre a estas populares celebraciones. Para auxiliar a estos gaditanos se organizaron suscripciones económicas, las cuales pusieron de nuevo de manifiesto la magnanimidad del corazón del pueblo gaditano. Por otro lado, los comerciantes se organizaron para contribuir económicamente y así sacar las fiestas adelante, pues la disponibilidad del Ayuntamiento era más bien escasa. El 7 de febrero quedó ultimado en los talleres tipográficos del industrial Benítez el cartel anunciador del Carnaval de Cádiz para 1899. El autor del mismo fue Ricardo Garbero y representaba un pierrot con traje arlequinado con los colores nacionales, llevando en el pecho el escudo de la ciudad. Semanas antes de las fiestas se habían estado realizando los preparativos correspondientes para el popular y tradicional cortejo carnavalero, de cuya dirección se encargaba el hábil y conocido artista Andrés Pastorino. Con respecto a años anteriores se cambió el itinerario de la cabalgata ya que las carrozas no cabían por la calle Rosario, concretamente por balcón del número 31. Así pues, llegaba a la plaza de San Agustín, entraba por la calle del Correo, siguiendo por Isaac Peral, Baluarte y Rosario para continuar por la calle Amargura y demás calles del recorrido. El cortejo salió el domingo día 12 a la una de la tarde desde el Parque Genovés, en donde horas antes se habían concentrado los participantes en el desfile para recibir las pertinentes instrucciones. La cabalgata en cuestión era de gran importancia, pues con su salida se daba comienzo a los actos oficiales del Carnaval e incluso estaba totalmente prohibido que ninguna agrupación carnavalera desfilara por las calles antes de esa hora. Abrían la marcha dos guardia civiles a caballo. El cortejo lo componían varias carrozas, algunas donadas por particulares, como la que representaba al comercio de la ciudad. También desfilaron dos carros, uno árabe con varias moritas con la cara descubierta y otro con alegorías japonesas. En la cabalgata destacó una silla de manos de principios del siglo XIX ocupada por una mujer conducida por dos lacayos de la misma época, una calesa y un triciclo con personajes lujosamente ataviados. Igualmente, en la comitiva iban muchos personajes disfrazados de pierrot así como cabezudos, a la par que numerosos heraldos a caballo. Llamó la atención el carro de las alegorías, novedad de ese año, y que iba plagado de diferentes motivos carnavaleros. El Parque Genovés presentaba un espléndido aspecto, ya que su director, José Sardá, se había encargado de dirigir las labores de embellecimiento por expresas órdenes del presidente de la Comisión de Jardines, Herrero. La carroza alegórica que desfiló ese año por primera vez iba tirada por dos bueyes y en su parte más alta un figurante que representaba el Carnaval. Desde Madrid se trajeron los trajes y algunas figuras de los cabezudos, lo que significó que el cortejo lució con lujo hasta entecos prácticamente desconocido. En los Carnavales de 1899 ya se tienen noticias de ensayos generales que ofrecían las agrupaciones. Estos tuvieron lugar en la cervecería San José y participaron las agrupaciones 'La llave' y 'La sociedad gaditana'.

DOMINGO DE CARNAVAL

Amaneció un magnífico día y la animación se prolongó durante toda la jornada. Por toda la ciudad se vieron multitud de disfraces, animando el ambiente el desfile de estudiantinas, de comparsas y chirigotas. Varias calles de la capital lucieron alumbrado especial y en ellas se celebraron conciertos a cargo la banda municipal. El primero de los referidos tuvo lugar en la calle Cruz, y por la noche se celebró el último en Cánovas del Castillo. El Círculo 'La Piña' fue dotado de una artística iluminación, la cual se entrelazaba con las yedras de la pared para formar el nombre de la referida sociedad. De igual manera, la 'Liga de Cazadores' también exornó su local con gran elegancia y vistosidad. Señala el Diario que la plaza de la Libertad fue un hervidero humano durante el paseo matinal, escuchándose con profusión los tangos y los cuplés de las distintas agrupaciones. La ciudad vivió la noche grande del Carnaval , con una extraordinaria animación en la plaza de San Antonio y en la calle Ancha, lugares favoritos para celebrar la fiesta. Cuenta Diario de Cádiz que aquella noche se vieron por las calles numerosos disfraces y caretas y que se vivieron intensas luchas de papelillos y serpentinas. Los bailes programados por el Casino Gaditano y el Círculo Mercantil e Industrial estuvieron muy concurridos y con todos los asistentes disfrazados convenientemente. El movimiento de carruajes por las calles de la ciudad convirtió a la ciudad en un caos. De todos los bailes que se organizaron destacó de la Sala Moyerbeer, "viéndose unos disfraces acertadísimos". La iluminación que lució la plaza de San Antonio fue espectacular, con unos grandes y vistosos paraguas y farolillos rojos. Los detalles de exorno de la plaza y el tablao corrió a cargo del mayordomo del Ayuntamiento, Leal. El tablao lucía una profusa iluminación adornado con guirnaldas de ramaje, formando espirales y grimpolones en los remates. El presupuesto presentado por la empresa de Gas para el alumbrado extraordinario fue de 4.400 pesetas. Por cierto que fueron muchas las quejas presentadas contra algunos comerciantes "desaprensivos", que vendían en sacos los confetis que habían recogido del suelo, "haciendo un pingüe negocio en las barbas mismas de la autoridad". Para evitar que los chavales llenaran las cestas de papelillos ya usados, el Ayuntamiento ordenó a las tiendas de confetis vender cada día papelillos de un color para no perjudicar a este tipo de tiendas. El Teatro Principal ofreció para estos días un sugestivo programa en el que se alternaron las representaciones de óperas y zarzuelas con los bailes de sociedad. Al día siguiente por la mañana se presentó un fuerte viento y cayeron fuertes chubascos, pero por la tarde el cielo se despejó y el público se tiró a la calle, reinando en toda la ciudad una gran animación, siendo muchos los lugares en los que las agrupaciones cantaron sus repertorios. En las tabernas y bares el vino se despachaba con premura, "quizá el polvo que levantaban los papelillos contribuyó a secar las gargantas". La calle Ancha volvió a ser el centro de las batallas de confetis y la alegría fue la nota predominante durante todo el resto del día. Destacó que no hubo que lamentar "riñas ni incidentes desagradables y todo el mundo se comportó con educación y modales", dijo el Diario. Lamentar que unos ladrones robaron varios relojes de gran valor en la joyería Mexia, en la calle Columela. Era tradicional que los aficionados al Carnaval se desplazaran en carruajes para hacer estación en la plaza de la Cruz Verde y libar algunas cañas de néctar sanluqueño. La autoridades felicitaron al cabo de la guardia municipal, Fuente, que consiguió en medio de tanta confusión "que no ocurriera el más insignificante atropello ni amago de desgracias entre cocheros, ya que se daban cita más de 300 a la hora". Al día siguiente, un grupo de ciudadanos pidió la atención de la autoridad sobre algunas coplas que se cantaron el día anterior por algunas comparsas, "no solo por su contenido digno de censura, sino porque son expresadas con la voces más groseras y soeces".

DOMINGO DE PIÑATA

La jornada colofón del Carnaval gaditano resultó, como todas las precedentes, tremendamente animada. Las máscaras comenzaron desde muy temprano a desfilar por las calles, y salieron tantas que en muchos años no se había visto una cantidad tan numerosa. Los guardias detuvieron a varios mozos cuando fueron sorprendidos cogiendo confetis del suelo y arrojándolos después. En el Teatro Cómico, dentro del programa especial de las fiestas, se representó la zarzuela El grumete, registrando un gran éxito. Un dato: los mozos del Ayuntamiento sacaron, desde la calle Aranda, hoy Novena, hasta la plaza de San Antonio, 24 carretillas de papelillos, que fueron arrojados al mar.

LAS AGRUPACIONES

Todas las agrupaciones trabajaron de lo lindo a lo largo de los días que duraron los festejos, siendo éstas las siguientes: 'Húngaros caldereros' (8 componentes, abrigo y peluca), 'Los Fregolis' (11, smoking blanco, solapa grana, pantalón corto de seda y sombrero de copa), 'Viejos patrióticos' (11, bata, gorro y zapatos granas y negros, patillas y bigote), 'Viejos repatriados' (9 levita, pantalón negro, peluca y sombrero de copa), 'Orquesta italiana' (9, sombreros varios, barba y arpa), 'Los rejoneadores' (16, pantalón corto, chaqueta y polainas), 'Los relojes' (17, camisa de dos colores y pantalón negro), 'Antigua sociedad obrera gaditana' (11, sotana, manto y tricornio), 'Rondalla aragonesa' (23, de aragoneses), 'Los gedeones', (7, levita, pantalón de color y sombrero), 'Los siete despertadores' (7, trajes alegóricos), 'La sombra negra' (10, frac negro, pantalón bombacho y gorro cubilete), 'Viejos lisiados' (9, traje de vestir y sombrero de copa), 'Los gaché ingleses' (5, frac negro, pantalón blanco y sombrero de copa alta).

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