El sueño hizo olvidar el llanto

  • Los aficionados cadistas desplazados hasta Alicante sufrieron el cansancio del regreso entre la tristeza por el descenso del equipo y la incertidumbre ante el futuro que espera a los amarillos en Segunda B

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En cierto modo, todos lo esperaban. Pero aún así, llenaron 17 autobuses de ilusión y se metieron 8 horas de viaje en el cuerpo para hacer ver a los jugadores del Cádiz que sí, que la salvación era posible. Pero el destino tenía previsto para los seguidores cadistas una nueva decepción y el penalti marrado en el último minuto por Abraham Paz les devolvió a la cruda realidad del descenso.

Nervios, ira y decepción entre los aficionados, que sin tiempo para asimilar el golpe tuvieron que volver a los autobuses para emprender el triste viaje de vuelta a La Tacita. Cabizbajos y sin decir palabra, muchos aún se secaban las lágrimas cuando los vehículos se pusieron en marcha, lágrimas de impotencia al ver que ni con todos sus ánimos se evitó un descenso cantado para muchos.

Al poco de iniciar el viaje, surgieron las primeras preguntas. Cada autobús se convirtió en un improvisado foro en el que se analizaron los males que llevaron al equipo a esta situación. Mil cuestiones surgieron de inmediato acerca del porqué de este descenso y el futuro inmediato que espera a los gaditanos en Segunda División B. Lo más comentado, sin duda, fue la jugada del penalti. Un final demasiado cruel que muchos hubieran preferido evitar, "para fallarlo mejor que no se hubiera pitado", decían muchos. Los viajeros no tenían ninguna duda en señalar como principales responsables de lo sucedido a los jugadores amarillos y sólo unos pocos se salvaron de la quema. La gestión del presidente y la de Barla en la dirección deportiva tampoco escaparon de las críticas de unos aficionados que poco a poco iban recobrando el ánimo pese al duro golpe del descenso.

La primera parada en la localidad murciana de Puerto Lumbreras sirvió para reponer fuerzas y endulzar el agrio sabor de boca de los cadistas tras lo sucedido en Alicante. Aún quedaban seis horas de viaje y el cansancio acumulado hizo mella en los pasajeros, que se afanaban por encontrar la postura ideal para coger el sueño aunque fuera por unos minutos. Tal era el agotamiento de los presentes que algunos ni se inmutaron cuando, tres horas más tarde, se realizó la última parada del viaje en Loja antes de la definitiva llegada a Cádiz. Sólo cuando el conductor encendió las luces, agradeció a los pasajeros su buen comportamiento y avisó que en cuestión de minutos llegarían a la capital gaditana comenzaron a desperezarse los cadistas, deseosos de coger la cama un par de horitas antes de ir a trabajar.

En total, 17 horas de viaje y 1.278 kilómetros para vivir el drama de un nuevo descenso. Tanto esfuerzo para tan poco resultado.

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