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La reventa, realmente una paradoja china

  • El mercado negro de entradas fluye intensamente pese a la falta de espectadores y las medidas de la organización

De acuerdo con la versión oficial del comité organizador de los Juegos de Pekín (BOCOG), las entradas para las competencias están agotadas, aunque cuando el nadador estrella estadounidense Michael Phelps ganó su primer oro a las 10:00 de la mañana del domingo, un tercio de las tribunas estaban completamente vacías.

Esto ocurre, porque como suele ocurrir en todas las ediciones de los grandes eventos, una cantidad de entradas nada despreciable se pone en manos de los patrocinadores, que a su vez se encargan de distribuirlas.

En esas condiciones es normal que florezca el mercado negro. "Nos preocupa que los estadios no estén llenos", explicó el portavoz y secretario general del BOCOG, Wang Wei, que anunció medidas contra la reventa.

Lo cierto es que los revendedores de entradas son multitud y no dudan en ofrecer su mercancía en las principales calles próximas a las instalaciones olímpicas. Y aunque el BOCOG prohibe la venta de entradas a mayor precio que el de venta original, la policía se limita a contemplar sin intervenir.

Wang Wei explicó que China había puesto en marcha numerosas medidas para combatir la reventa ilegal, entre ellas solicitar el nombre de los compradores de entradas para la fiesta inaugural y limitar la cantidad de entradas a dos por cabeza.

Sin embargo, el diario Beijing Times cita una fuente no identificada pero "familiarizada con el negocio de venta de entradas", según la cual muchas de ellas están bajo control de bandas organizadas de revendedores, que compraron identidades u organizaron contingentes de compradores.

En la reventa para la inauguración se llegó a pagar 20.000 euros por una entrada.

Es el caso de un grupo de revendedores del norte de África, por ejemplo, que compra entradas a chinos para lograr beneficio con otros fans extranjeros más adinerados. Pero tampoco ellos están dispuestos a pagar cualquier precio. "Por una entrada para la fiesta de inauguración me pedían 10.000 euros", se quejó uno. "Una locura".

"Quieren 4.000 renminbi (390 euros) por una entrada a las carreras de natación", se quejó una turista polaca que llegó tras recorrer 5.000 kilómetros en bicicleta.

Otras competencias son mucho más accesibles en la reventa: un chino pretende 500 renminbi por una entrada para ver hockey sobre césped, y 800 por una para ver baloncesto. A pesar de todo, las cifras pedidas multiplican por diez las que están impresas en las entradas.

Para los Juegos Olímpicos se vendieron cerca de siete millones de entradas, 40 % de ellas en China, lo que produjo ingresos de 93 millones de euros.

Otros dos millones de entradas se destinaron al Comité Olímpico Internacional (COI), a los patrocinadores, funcionarios y emisoras de televisión.

Los precios de las entradas para las 28 categorías deportivas varían entre 30 y 1.000 yuans (2,9 y 97 euros).

Para que los boletos fueran accesibles para los ciudadanos chinos, el precio del 58 % de las entradas se fijó en 100 yuans (alrededor de 9,7 euros).

El 14 % de las entradas se reservó para estudiantes a un precio de 10 yuans (0,9 euros).

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