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Un penalti dudoso y se acabó

  • El Atlético se impone con lo justo a un digno Deportivo que merece más en su visita al Wanda Metropolitano, donde Gameiro solventa ante las bajas

Saúl derriba a Mosquera, curiosamente los dos protagonistas del polémico penalti. Saúl derriba a Mosquera, curiosamente los dos protagonistas del polémico penalti.

Saúl derriba a Mosquera, curiosamente los dos protagonistas del polémico penalti. / kiko huesca / efe

Un penalti dudoso a la media hora transformado por Gameiro definió el triunfo del Atlético, que despachó con algunos apuros al Deportivo, que tuvo sus momentos, frenados por Jan Oblak o su falta de puntería. Una victoria contra la presión del Real Madrid y el Valencia y contra los contratiempos que padece el equipo de Simeone en los últimos tiempos, con sólo trece jugadores del primer equipo disponibles, incluido Diego Costa, tocado en el banquillo.

El Atlético doblegó al Deportivo, ya en su serie de partidos sin ganar (15) más larga de sus 46 cursos en Primera, golpeado por los resultados, por su distancia ya de ocho puntos respecto a la permanencia y por un partido en el que dio la cara, compitió, mereció más durante un buen rato del choque y tuvo su momento.

No lo aprovechó Lucas Pérez. Ni en un duelo individual contra Jan Oblak, que aguantó y ganó el cara a cara con el delantero después de un error impropio en el despeje de Savic, ni luego en un cabezazo a centro de Luisinho desde la banda derecha rojiblanca, el lugar por donde más sufría en ese momento.

Era ya mediado el primer tiempo cuando mejor se sentía el Deportivo sobre el terreno, cuando más dudas demostraba el Atlético, que ya había alterado su sistema del 4-3-1-2 al 4-4-2, con apenas sólo una parada del portero Rubén Martínez, hasta que cambió todo en un penalti señalado por Trujillo Suárez, en una pugna entre Mosquera y Saúl que no pareció como para pena máxima.

Gameiro, de vuelta al once entre la sanción de Griezmann y las molestias de Diego Costa, la transformó con soltura. El Deportivo, en un apurado cabezazo de Mosquera a puerta vacía y fuera, desperdició otra opción y no superó ya ese condicionante, porque el Atlético suele conceder poco, mucho menos de lo que había concedido ya en el primer tiempo, y menos aún cuando tiene la perspectiva del marcador a favor, controlador, sin riesgos innecesarios, cuando destina a su rival a una improductiva intención ofensiva.

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