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El mito del 'cholismo' se agranda

  • El técnico se ha convertido ya en una institución en el Atlético junto a Luis Aragonés

  • El argentino reconoció que el título fue un verdadero alivio tras las finales en la 'Champions'

El mito del 'cholismo' se agranda El mito del 'cholismo' se agranda

El mito del 'cholismo' se agranda / rodrigo jiménez / efe

La conquista de la Liga Europa por parte del Atlético de Madrid reforzó la leyenda de su entrenador, el apasionado Diego Pablo Simeone, artífice de la etapa más exitosa del equipo rojiblanco.

"Mi sensación es como de tristeza", dijo el argentino de 47 años tras el 3-0 sobre el Olympique de Marsella en Lyon. No parecía la típica respuesta de alguien que acaba de coronarse campeón, de alguien acababa de alcanzar a otro mito como Luis Aragonés.

Simeone y Aragonés son los entrenadores con más títulos en la historia de Atlético. En el caso del Cholo, una Liga, dos Europa League, una Copa del Rey, una Supercopa de Europa y una Supercopa de España. La respuesta sorprendió a muchos, pero no tardó en matizarla. "Es muy difícil llegar a este nivel y es muy difícil llevar a todos los futbolistas a comprometerse con una causa tan importante como salir campeón. En el momento que lo lograste pensás: mañana tengo que empezar de nuevo y volver a llevar a esos futbolistas a ese estado extraordinario".

La gran virtud del Cholo durante los seis años y medio que lleva en el cargo ha sido ésa: lograr una adhesión total de cada jugador con el colectivo que mejora individualmente a los futbolistas y que además provoca que todos sigan los preceptos de su técnico con una disciplina casi militar.

Pero lo difícil es lograr que esa fidelidad y compromiso con la idea del entrenador se alargue en el tiempo. Y de ahí que al protagonista le provoque una pequeña angustia sólo pensar que a partir del día siguiente deberá seguir convenciendo a los suyos de esa máxima que él mismo popularizó y que dice: "A morir, los míos mueren".

Porque, además, el camino no fue sencillo. Hay dos enormes decepciones: las agónicas derrotas ante su máximo rival, el Real Madrid, en las finales de la Champions 2014 y 2016. "Dos finales perdidas es un fracaso, pero dos finales en tres años es un resultado magnífico", dijo entonces Simeone, que con la imponente victoria de su equipo ante los marselleses pudo sacarse algo la espina de aquel mal trago.

De hecho, desde que el Cholo se hizo con las riendas del equipo sólo dos conjuntos han logrado superarlo en finales o eliminatorias directas en Europa. Uno es el Real Madrid, que además de las mencionadas finales también fue su verdugo en las semifinales de Champions, y el otro es el Rubin Kazán de la Liga Europa de 2012-13. Salvo estos dos casos, nadie más ha podido triunfar ante los guerreros de Simeone.

Un entrenador que vive el fútbol con la misma pasión y temperamento con la que lo practicaba como jugador y que nunca ha ocultado su particular relación con el club rojiblanco, que, según él, va más allá de lo profesional.

"El Atlético para mí es un lugar importante en mi vida más allá de lo deportivo, en lo humano. Me tocó jugar años maravillosos, volví en un momento importante como persona y ese regreso me dio tranquilidad y equilibro. Era el camino al que estábamos destinados", reflexionaba, insistiendo en el mensaje de agradecimiento a sus futbolistas.

"Cuando me fui a jugar a Racing de Avellaneda años atrás fue para volver como entrenador al Atlético y así lo buscamos. Apareció la oportunidad y la atrapamos. Y tuvimos suerte. Somos un cuerpo técnico que tuvimos la suerte de encontrar primero hombres y después deportistas que te dan la vida en la cancha", agregó.

Por eso este triunfo en Lyon es para el club algo más que sumar un nuevo trofeo a las vitrinas: "Es el valor al trabajo, a la constancia, al esfuerzo, al insistir... Todas estas cosas que son fundamentales en la vida para salir adelante".

Y son precisamente esos códigos los que caracterizan el mito del cholismo, la época más dorada del Atlético de Madrid en su historia.

La celebración de los aficionados rojiblancos en Neptuno.

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