Un golazo de López Silva como consuelo

  • Moral El Cádiz termina tercero a pesar de no cuajar un buen encuentro ante el Valencia Defectos Los amarillos pecan de falta de intensidad y conceden al adversario el campo y el dominio

Un golazo para hacer olvidar un partido regular. Es lo que hizo López Silva ayer en una cita de consolación que sirvió para poco. El escurridizo extremo aprovechó un error de Albelda para poner el balón lejos de Moyá y desequilibrar un encuentro que iba rumbo a los penaltis. Antes de ese gol, poco que destacar de un encuentro soso que apenas mostró las armas que deben exhibir valencianistas y cadistas en sus competiciones. Muchas reservas y poca intensidad que desinflan un poco más un Trofeo Carranza venido a menos.

El Cádiz, con un once novedoso respecto al del jueves, se aferró al guión de la primera semifinal. Estuvo bien situado y esperando su momento, siendo consciente de sus limitaciones. Jugó tapadito y cerrando todos los espacios posibles asumiendo que enfrente tenía muchos hombres con nombres.

Una lectura importante para Javi Gracia es que por la banda derecha Velasco puede llevar el peso ofensivo, ya que ayer estuvo más inspirado que Fran Cortés, que desde la izquierda no se sintió cómodo. Otra apreciación es que Dani Fragoso disfruta en el doble pivote, haciendo bueno su deseo desde que llegó al Cádiz. Precisamente de las botas del pivote nació la jugada del 1-0, que resultó perfecta. Fragoso prolongó a Velasco sabiendo que el extremo contaba con espacio y velocidad para llegar hasta la cocina; lo hizo y puso un centro magnífico que Tristán resolvió con calidad.

La desventaja en el marcador no parecía preocupar al Valencia ni a Emery, que seguía con enorme calma los acontecimientos sobre el maltrecho césped. Eso sí, el equipo de Mestalla comenzó a dominar con claridad porque los amarillos se encerraron quedando un mundo por delante. Salvo la llegada de Pablo Hernández que salvó un seguro Casilla, los valencianistas mostraban los dientes en las inmediaciones del área sin llegar a morder. Esto no asustaba, aunque era inquietante que el conjunto anfitrión prácticamente renunciara al ataque colocándose muy encima de su portero. Ese terreno lo ganaba el equipo de Emery sin despeinarse ni pegada.

El intermedio apenas varió los papeles de unos y otros, si bien Pablo Hernández se destapó con su mejor versión destrozando a Jaume, que se vio superado una y otra vez por un jugador que se ha formado en su misma cuna. El ex cadista se encargó de fijar las tablas engañando a su marcador y a Casilla, al que le colocó el balón por su palo. Sólo habían transcurrido siete minutos y todo empezaba de cero. Y pudo cambiar poco después del empate si un buen cabezazo de Tristán no lo hubiera salvado Carleto sobre la línea de gol con Moya ya batido.

El guión no estaba preparado para que el equipo de casa tomara la iniciativa, y lo demostró el Valencia con un juego insulso pero de dominio abrumador por momentos. Con Pablo haciendo de las suyas por la banda derecha, la grada temía lo peor tras aguantar una temperatura elevadísima. El extremo de Castellón se mantenía como una gran amenaza con una vaselina que sacó Casilla y con un centro-chut que se escapó fuera por muy poco.

Y si no era este jugador aparecía Ever Banega, Vicente, Silva o el mismísimo Villa, que entró en los instantes finales tratando de evitar unos penaltis con sabor a humillación por estar enfrente un recién ascendido a Segunda A. Precisamente el consuelo valencianista se fue al traste con el golazo de López Silva. El cadista estuvo muy atento al posible error de Albelda, y como éste se produjo se despachó con una media vaselina que se convirtió en lo mejor del choque y quizá del torneo. Un golazo que vale una victoria, un tercer puesto y la hombrada de que el modesto Cádiz tumbe al Valencia.

El triunfo del equipo de Javi Gracia tiene mucho mérito, pero no debe ocultar las realidades de un Cádiz todavía en rodaje. A los amarillos les falta criterio sobre todo para atacar, mayor mordiente en algunos jugadores y una continuidad en la línea que marca un encuentro desde el minuto 1 al 90. Hay materia prima para pensar en positivo y gente joven con hambre de fútbol que al final pueden llevar a la plantilla a conseguir los objetivos previstos.

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