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El cadismo recupera el buen color

  • Cambio El buen juego local calienta a la afición Lluvia El agua y el viento hacen muy complicado el partido para todos

Frío. Y viento. Y lluvia. Y más frío, ¡qué frío! Un levante gélido que cortaba la respiración. Lluvia de Cádiz, con guasa, de la que cae de lado y hace inútil la función del paraguas por mucho mango de madera que tenga. La tarde estaba más para una mesa camilla y unas manitas a la lotería que para acudir al Carranza, pero los fieles son los fieles y la religión cadista tira mucho. Así que el estadio gaditano, cuya grada de Fondo Norte progresa adecuadamente, presentó un aspecto desangelado al principio pero se fue animando conforme avanzó el partido, desapareció la lluvia y un arcoiris se dibujó sobre su silueta, como si fuera un San Mamés del sur. Los grises de otras tardes dejaron paso al verde de la esperanza, el rojo de la pasión, el amarillo de siempre, el azul de las calzonas sudadas y el morado de como se podían haber puesto los delanteros de Calderón si hubieran tenido un pelín más de acierto. Esta vez fue el equipo quien animó a la afición, que comenzó el encuentro a verlas venir. Sin embargo, el juego de los locales no tuvo nada que ver con el de Salamanca, y eso lo agradecieron con el mismo entusiasmo que la apertura de las puertas que delimitan la grada supletoria de Fondo Norte y la de Tribuna. La tarde no estaba para plantarle cara al levante a pecho descubierto y los dirigentes cadistas, viendo que había hueco en la grada más chic, permitieron su permuta.

El primer síntoma del calentamiento global llegó con una buena combinación de toda la medular cadista; y el segundo, con un entradón por la espalda de Ángel a un securita que vigilaba Fondo Sur y que fue derribado de su banqueta. "Árbitro, tarjeta", reclamaron con sorna los cadistas.

Y luego llegó el primer gol, marcado al alimón entre Natalio y el levante. Gustavo López mandó un centro muy elevado al área visitante y el portero, que no era de Cádiz, salió a por el balón tan tranquilo. "A que falla", se oyó entonces por la grada. "Te lo dije, quillo". Y entonces sonó una canción recurrente. "Qué malo eres, portero, qué malo eres, qué malo eres...".

En la segunda parte, tras el segundo gol y los cánticos a favor de Natalio, Aganzo se desesperó y despertó las iras de una afición a la que nunca le ha caído muy bien el muchacho, ¿por qué será?, que decía La Bombi cuando era La Bombi y el Un, dos, tres el programa más visto de la televisión.

El Cádiz ganó pero el frío no se fue, ni el viento de levante, que ayer fue más que refrescante y poco amigo de nadie. Que se lo pregunten al portero del Alavés.

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