Submarino amarillo

Vida o muerte: prohibido celebrarlo

  • El choque contra el Nástic tendrá sabor a Segunda B, con perdón, otra final en el estrambótico año que recuerda la temporada en que el Submarino estuvo a punto de sucumbir y de alcanzar la gloria

TODAVÍA habrá gente que celebre la permanencia. Si acaso, un suspiro de alivio, pero festejar algo semejante en esta rocambolesca temporada sería de chuflas. Al tiempo. Cuidado con la ley de Murphy, que vienen curvas. "Nos hemos complicado", admite el gran Chico Linares, el futbolista que más veces ha lucido la camisola amarilla. ¿Quién se entretiene en contar estas cosas? Antes de conmemorarlo, y de recibir los correspondientes parabienes y placas, Linares prefiere ver cómo su Cádiz de toda la vida salva el cuello. Viene el Nástic de Plástic, recuerdos de principios de siglo, cuando tarraconenses y gaditanos se enzarzaron en una dura pugna dialéctica, con motivo de la liguilla de ascenso a Segunda. Fue el año de Orúe, un año antes de Linares, y el Submarino estuvo a pique de un repique, del hundimiento titánico por mor de unos gestores con escasos escrúpulos. Grandes similitudes entre el 01 y el 08, vaivenes caprichosos, nubes negras con más veras.

Por la parte de Tembleque, bella localidad toledana, a los cadistas les traquetean hasta las canillas. Linares acaba de cumplir 50 años, como Mágico González, como Pepe Mejías. Los ídolos alcanzan el medio siglo, el Cádiz se acerca a la centuria y hacen falta 50 puntos. Hay que ver lo que cuesta llegar a los 50 puntos, toda la temporada ejerciendo de violinista en el tejado, si yo fuera rico, Baldasano dixit, hasta los delirios de pobreza, made in Muñoz, pasando por el hipotético condicional gaditano, que se ha transformado en función del optimismo o zangangui imperante, del "si ganamos tres partidos seguidos" al "si perdemos los dos próximos". Un año de finales. El acabóse, como en el 2001, cuando los jugadores permanecieron cinco meses sin cobrar y se encajaron en la liguilla y la perdieron a manos del Nástic. Sólo sobreviven Raúl López, quien precisamente comparte con Linares otra marca, la de partidos de Liga disputados con el Cádiz, y Abraham Paz. El Submarino acabó la primera vuelta el quinto por la cola, pero encadenó nueve victorias consecutivas, se alzó campeón del grupo IV y, ya en el momento culminante, se acordó de las castas de dos trencillas de turno: Ceballos Silva y Lizondo Cortés, que protagonizaron sendos robos del siglo recién iniciado. Ese año, Ejido y Xerez subieron a Segunda y el Almería, que ha tocado esta temporada con los dedos la UEFA, concluyó en undécima posición. Los cadistas, medio turulatos, encuentran claves amarillas en cada situación relacionada con el balón envenenado. Este domingo bajaron a Segunda Zaragoza y Murcia, los dos clubes donde militó Pepe Mejías tras dejar el Cádiz, y se salvó el Recre, donde jugó Linares durante dos temporadas. Envidia de Recre y Almería, compasión por los maños, víctimas de otro año loco y de sus malditos gestores. Más piedras en el camino: salen de la quema Xerez y Jose González, se salva el Marbella de Oli y el destino travieso hermana en el último choque del año a Racing y Osasuna, uno para la UEFA, otro salvado de milagro, precisamente los dos equipos damnificados por la célebre liguilla de la muerte súbita inventada por Irigoyen hace ya tanto tiempo ... El año que viene habrá tiros para subir a Primera División.

La agónica visita del Nástic evoca el año del principio del fin de la peseta, eurosablazos por doquier, del redondeo de la poquita vergüenza y del capítulo en que Muñoz el Grande intentó recuperar el Cádiz para después revenderlo y volverlo a trincar en escasos siete años. Dice la leyenda que tó lo malo y tó lo bueno se repite en siete años, siete mares, siete colores tiene el arco iris, y están cayendo chuzos de punta, y la gente echa la vista atrás, cuando los foros de internet echaban chispas, catalanes y gaditanos se peleaban por un puesto en Segunda y la suerte fue esquiva. El Nástic, desde entonces, ha comprobado en sus carnes el discreto encanto del esquizofútbol, de Segunda B a Primera y ... quizá viceversa.

Callan hoy los agoreros, ¿quién iba a esperar el descenso del Zaragoza, el glorioso puesto del Almería o el éxito del Numancia? Pero el hombre cadista es el único que tropieza mil veces en el mismo canto rodado, like a rolling stone, así que no descartemos tiempos estrambóticos antes del Centenario, se acerca el centenario y el Cádiz con estos pelos (de punta).

Sobre el tejado de la incertidumbre y los nervios en adobo, el violionista cadista encarga una caja de actimel, al Cádiz le fallan los defensas, y un botón para el portero automático, el gafe de los guardametas pasa de castaño oscuro. Quitan a Contreras porque no se entera y le endilgan cinco a Limia y, por si fuera poco, cuatro chicharros a Armando en Sevilla, para que no quedase ni un rescoldo para los listillos. La venda en los ojos. La victoria en Soria, menos mal que ganó el Submarino en Los Pajaritos, paradojas de la vida, el gorrión de Puertatierra no da crédito, yo creo que sufre ansiedad, porejito, y le tiemblan las piernas, como a ciertos jugadores a los 20 minutos de juego. Y se escucha de pronto la voz de Procopio Amor Propio, el responsable del enésimo marrón del año, actor principal de la peli Jugando con fuego, patrocinada por Capricho Andalú. "No me hablen del descenso". Y su voz hace eco, "descenso, descenso, descenso", y el publiquito cadista escucha voces. Si yo fuera rico. Ni Villarreal, ni Getafe, ni Almería. Esto es Cádiz. Y punto. Hacen falta cuatro puntos, admite el mismo Raúl López. Fíjate tú cómo estará la cosa que el gran Raúl López, que sale a por todas hasta en el dominó, sueña con cuatro puntitos de 12. Y a tomar por saco la "bijicleta".

Antes de soplar las velas, los agraciados con el mayor número de presencias amarillas, Raúl López, Barla y Chico Linares, esperan acontecimientos. Ojo, que pinta. Tras el Nástic de Plástic, a Málaga del tirón. Que los dioses del 2003 nos cojan confesaos. "Vamos a ganar", vaticina Linares, que considera que se truncarán ambas rachas, la descendente del Cádiz y la ascendente del Nástic. No es momento de contar batallitas del pasado reciente, cuando Linares disfrutó del Cádiz matagigantes, de los maravillosos años ochenta, de las fatiguitas amargas... En realidad, Linares lo ha vivido casi todo, posee un historial impoluto incluso como técnico. Y ahora triunfa en la tele con su colección de nikis. "Hablamos cuando estemos a salvo". Vale.

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