Superhéroes de barrio

  • Phelps iguala el récord de oros en unos Juegos (9) al lograr su tercer metal dorado · La selección de baloncesto aprieta los dientes, con Pau Gasol, Rudy y Ricky enormes, para ganar a China en la prórroga

"Joe Jackson, Mozart, Joselito el Gallo, Comandante Ruz, Orson Welles y Rita Hayworth, Bob Dylan y Di Stéfano, Fender y Espartaco, Curro Romero y El Gordo y el Flaco". Son los Superhéroes de barrio de Kiko Veneno, tomados prestados como paralelismo por las estrellas de Pekín, auténticos ases, enormes figuras, cracks históricos... Y tan naturales y normales muchos de ellos.

Cada uno a su estilo, conforman la élite mundial en sus disciplinas, siempre cortados por el patrón de la normalidad, del chico que cualquier madre quiere como yerno. Pasa con Michael Phelps, con Pau Gasol, con Rafa Nadal... Sonríen y muestran su cara más amable porque saben que están dentro del show business, del espectáculo mediático que rodea al deporte. Más de uno debería tomar nota. Verbigracia: algunos futbolistas.

Por eso son queridos. Son ilustres en su trabajo y encima buena gente, un plus que los humaniza. Suben una escalera y saludan, no son fanfarrones ni chulos, de repente se convierten en chicos de la calle, en superhéroes de barrio.

Phelps está reinventando la historia olímpica. Y tan ancho. Lo mismo le da so que arre: los estilos, el relevo, el crawl o la mariposa. Es un asesino silencioso, con cara de tipo amable, de estudiante de la Universidad de Nevada, mismo, un diablo con cara de ángel que ya está en el grupo de los elegidos con nueve oros en los Juegos. A saber: Carl Lewis, Mark Spitz, Paavo Nurmi y Larysa Latynina. Eran cuatro y son cinco.

Pasadas las diez de la mañana en Pekín, las cuatro de la madrugada en España y las diez de la noche en la costa Este de su país -prime time- volaba por el agua el pez de Baltimore en los 200 libres. El pronóstico era apabullante y el resultado, demoledor. Los apostantes no se harán ricos con el estadounidense que siempre llega el primero. Otro oro, el noveno en su carrera olímpica y el tercero en China, y récord mundial en la pileta (1.42,96). ¿No se cansa? ¿Por qué el ácido láctico afecta menos a sus músculos que a los del resto? Ni idea.

Después de la proeza en los 200 libres, volvió a la piscina para las semifinales de los 200 mariposa. Plusmarca olímpica y a la final. Anoche, a las 4:21 hora española, se jugaba su cuarto metal dorado y su décimo olímpico para dejar atrás al quinteto al que ayer había igualado en éxitos.

Pau Gasol es otro que ha ido como una centella en su crecimiento deportivo. Tiene ambición. Del Barça a la NBA, de Memphis a los Lakers... Se llevará el anillo. Al tiempo. Y los Juegos. Al tiempo.

España no rindió a su nivel contra China. La anfitriona arrancó como un cohete. El equipo de Aíto anduvo alicaído, encogido, timorato. Es evidente que algunas piezas del engranaje no funcionan para que la maquinaria carbure con precisión. El bloque necesita a Garbajosa y Navarro para rozar la perfección.

Además, los chinos saben jugar a esto. No sólo de Yao Ming vive el conjunto de Kazlauskas. Ni de lejos. Con los árbitros echando una mano, o las dos, a la cartera de España, el batacazo ante China de Toronto 94 generó incertidumbre. Miedo. Pavor.

Rondando la quincena de puntos en contra era la ventaja asiática en el tercer cuarto. Pau Gasol, Rudy Fernández y Ricky Rubio levantaron el partido. La hiperactividad de los dos últimos es para sacar de quicio a cualquier madre. Y el arte del estraperlo de balones del debutante Ricky no tiene parangón. Forzaron la prórroga y se pasearon en esos cinco minutos. En susto quedó todo. Hay que seguir confiando en ellos.

Otro chico diez: Nadal. Tener a Hewitt en segunda ronda como poco impone. Experto competidor australiano, no las tenía todas consigo el balear. A raquetazo limpio sacó al aussie de la pista y en dos sets fue ventilado.

En los instantes previos al choque, otro detalle que encandila. Nadal estaba siguiendo el partido de baloncesto de España en el vestuario. Comiéndose las uñas, nervioso, exultante cuando la remontada se hizo carne. La euforia y la energía le impulsaron frente a Hewitt. A tercer ronda.

El nadador Aschwin Wildeboer va camino también de obtener la condición de héroe. Llegó hasta la final de 100 espalda y, mermado por una leve fiebre, acabó séptimo igualando el récord nacional. Igual que Marina Alabáu, que aún cuenta con papeletas en la rifa del Olimpo. La regatista era quinta tras la primera jornada en RS:X y ha escalado hasta la segunda. Hay que cruzar los dedos, pero apunta a podio porque se le da igual de bien el levante de El Puerto que el monzónico de Qingdao, sede de la vela.

El medallero para España no se meneó en la tercera jornada. Por los pelos. El guipuzcoano Ander Elosegui se quedó a la vera. Fue cuarto -diploma olímpico- en C1 en aguas bravas. Enfado mayúsculo. Un tropiezo en una puerta le costó dos segundos de castigo. El tiempo que vale una medalla.

A la segunda tocó el triunfo de la selección de balonmano. No da con la tecla Pastor para recuperar al equipo campeón. Cinco abajo estuvo contra Polonia a mediados de la segunda parte. Hombrada de Hombrados. Otro héroe que le dio chance al equipo en pos de los cuartos. Un alegrón se llevó el waterpolo. Para presumir hay que sufrir y sumó por la mínima, ante Australia, su segundo triunfo.

También hubo decepciones ingratas. La Mireia Belmonte olímpica no era la Mireia Belmonte europea. De campeona continental a no pasar de las semifinales de los 200 estilos. Pesaron sus 17 años. Sopapo para las niñas del hockey hierba también. Del 0-1 inicial a favor ante Australia al 6-1 final en contra. Repetir el oro de Barcelona 92, una utopía. Los salblistas Pina y Martí no calcaron a Pirri. Ni oro, ni plata, ni bronce.

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