Cádiz | celta · la crónica

Picaresca para seguir creciendo

  • Valioso El Cádiz hace bueno el empate de Anoeta batiendo al Celta Goles Los amarillos se imponen con dos tantos de pillería de Dani y otro de Gastón Casas

El fútbol es de listos, y el Cádiz lo fue ayer en más ocasiones que el Celta. Dos acciones de las que más le gustan a Dani y un tercer gol del segundo y último delantero de la plantilla relanzan las opciones de un equipo que mira con descaro a las posiciones de la tranquilidad, sin quitar vista de lo que le ha tocado sufrir por debajo y de lo que le podría deparar por arriba si da rienda suelta a su ya clara mejoría a todas luces.

Este Cádiz es otro. Y es así porque ha logrado ser un equipo seguro en labores defensivas, entero cuando le toca sufrir y con más gol que en aquellas jornadas en las que los arietes ni las veían. Ayer, además de marcar se pegaron el lujo de fallar varias ocasiones, que también es noticia en un año de dura sequía.

La imagen del conjunto de Antonio Calderón al final de los primeros 45 minutos no permitía presagiar un segundo tiempo como el que después se vio. El arranque fue tosco, algo brusco y con aplastante dominio para los balones largos. La línea de cuatro montada por López Caro casi encima de la divisoria fue un serio obstáculo para los amarillos, que se vieron forzados a retroceder hasta la pareja de centrales en algunos ataques ante la imposibilidad de avanzar con cierta garantía. También faltó mayor movilidad en las filas locales para desmontar la cuadriculada telaraña defensiva del Celta. Si Nano y Enrique hubieran equilibrado la labor de recuperación con la de creación, el primer tiempo cadista podría haber acabado con algún tanto en el marcador correspondiente a los locales.

Como costaba ver de cerca a los porteros, los primeros avisos nacieron en lanzamientos desde media y larga distancia, donde Lobos para el Cádiz y Perera para el Celta se dieron cuenta de la seguridad de los arqueros.

Pero al margen de estos avisos con escasas opciones de acabar en gol, la primera mitad dio para una polémica en el área local y un par de fallos en el remate en el visitante. El lío se montó con una extraña caída de Canobbio en una pugna con el balón estando Raúl López de por medio. En el mismo campo no parecía penalti, pero la imagen ralentizada del televisor ofrece cuanto menos algunas dudas.

En el otro área no hubo protestas y sí lamentos porque Dani desaprovechó dos excelentes llegadas con todo a favor. En la primera le falló la puntería al conectar de cabeza con el balón; y en la segunda le pudo la falta de frialdad para empujar a la red una buena acción de estrategia que le dejó en la mejor posición posible en el segundo palo.

El Cádiz estaba en los errores de siempre a la hora de definir, sembrando preocupación en una grada que temía que el buen engranaje vigués en la zona ancha terminara por explotar con un remate letal de Perera o Canobbio, las pesadillas de la defensa local. Pero ni uno ni otro, ya que el amago de infarto lo provocó Mario Suárez con un lanzamiento de falta que golpeó en la cruceta ante la mirada de Contreras como único acompañante de la jugada más comprometida para la portería cadista.

Más dudas que buenas conclusiones estando por jugar todo el segundo tiempo, si bien los primeros instantes de la reanudación hicieron cambiar las previsiones menos optimistas. El Cádiz salió enchufado, muy competitivo y dando ese paso al frente para buscar con más fe la victoria. Por si quedaban dudas, Calderón aprovechó las molestias de Rivas, tras una salvaje entrada de Perera, y el esperado bajón físico de Nano para apostar a ganador con Parri y Gustavo López. No es que la aportación de ambos resultara decisiva, pero es cierto que el mejor Cádiz llegó con ellos sobre el terreno de juego.

Y ese mejor Cádiz contó con la picaresca de equipos que necesitan ese punto de pillería para seguir creciendo en la competición. Además, la suerte también fue aliada y el árbitro dio bastante más que quitar y repartir justicia. La conclusión fue que Dani disfrutó como nunca con dos goles que le van como anillo al dedo a su estilo y que Gastón Casas se gustó para firmar la sentencia cuando mayor era la superioridad gaditana.

No había decisión arbitral que frenara a un Cádiz que acabó recreándose entre el delirio del respetable y el enfado de un Celta poco acostumbrado a perder.

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