Oxígeno donde pocos respiran

  • El Portuense suma los tres puntos en su visita al Linares, que sólo había caído hasta ayer una vez en su feudo, en un partido marcado por el duelo desde el punto de penalti entre Sanlúcar y el portero Moso

El Portuense sacó tres puntos ante el CD Linares, en un estadio en el que pocos han logrado ganar en la presente temporada. La primera mitad fue soporífera. El CD Linares y el Portuense pugnaron por el control del balón sin que ninguno de los dos se perfilase como el líder del partido. El resultado no podía ser otro: mucha pugna en el centro del campo, contadas ocasiones de gol y demasiados bostezos en la grada.

Pocas fueron las ocasiones en las que las cabezadas cesaron en la grada. Sólo dos. Los penaltis a favor del Portuense. El primero sirvió para que los visitantes se adelantasen en el marcador. Ambos para dejar claro que los dos equipos sobre el campo, más que rivales parecían amigos. La primera vez, Sanlúcar mandó el balón despacio y al centro de la portería. Era un regalo para el guardameta. Todo el mundo vio a donde iba el balón antes de que entrara. Durante el trayecto también lo advirtió Moso, que aún no se había tirado. Diez minutos de aburrimiento más tarde: misma circunstancia, mismos protagonistas y distinto desenlace. Aunque esta vez el penalti fue más discutido. Después del lance anterior la batalla entre Sanlúcar y Moso se había centrado en el terreno psicológico. El visitante pensó que si la tiraba otra vez al centro, esta vez a lo Panenka, nadie lo esperaría y el local le leyó la mente y ni se movió para recibir el balón suave y a sus manos. Moso empató en el duelo personal.

Tampoco parecía haber ganas para más. Ni el Linares pudo hacer mucho más que intentarlo, ni el Portuense sacó valor para lanzarse al ataque. Con una diferencia notable, el colegiado se preocupó de que los aficionados no se durmiesen y les dio motivos de sobra para que focalizasen sobre su figura el cabreo por la falta de espectáculo. En el descanso algunos estaban pensando si marcharse o quedarse.

La segunda mitad dio al traste con las esperanzas de los que todavía pensaban que las cosas podían mejorar. Casi sin ocasiones, los dos equipos se dedicaron a buscar pases sin éxito, destruir todo lo que podían y navegar entre dos aguas. El CD Linares asumió más riesgos, casi por la obligación del marcador en contra y el Portuense se dispuso a frenar con solvencia los intentos del contrario. El desconcierto de líneas y la falta de ideas de locales hicieron fácil el trabajo del equipo de Carlos Orúe. Las acometidas de los azulillos carecían de sentido. Entre tanto, el Portuense no perdía atención, colaboró con la falta de fútbol porque le convino y sólo aprovecharía un golpe de suerte o un fallo local para agrandar la diferencia en el marcador. Fue rozando el minuto ochenta, con todas las armas ofensivas de Braojos sobre el terreno de juego, cuando el Portuense logró enlazar un rápido contraataque para que Giovanni, que había saltado al terreno de juego unos minutos antes, lograse quedarse sólo ante Moso, dejarlo atrás y marcar a placer. Era la primera vez que el Portuense había llegado con claridad a puerta y ya ganaba por cero a dos. Antes del final, muchos aficionados se habían marchado y los periodistas se las ingeniaban para estirar una crónica que se podía haber resumido en un escueto párrafo.

La plantilla del Linares se plantó en el centro del campo en los prolegómenos del encuentro para reclamar el pago de las mensualidades de noviembre, diciembre y enero que les deben.

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