"Llegué a soñar en blanco y negro"

  • La muerte de Bobby Fischer ha hecho rememorar a Carlos Medina, el único gaditano que logró jugar una partida contra el mítico y polémico estadounidense, su gran pasión por el tablero de 64 escaques

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Bobby Fischer hizo su último movimiento el pasado día 17 en un hospital de Reykjavik a la edad de 64 años, precisamente la misma cantidad de cuadros que tiene un tablero de ajedrez. Al morir la persona, nacen los recuerdos, es una estrecha relación: como la vida que se lleva y lo que se sueña al dormir.

La desaparición del polémico estadounidense no ha pasado desapercibida para Carlos Medina, el único gaditano de la historia que se ha enfrentado al que fuera campeón del mundo entre 1972 y 1975. El director de Línea 6 es un apasionado de las blancas y las negras, y lo que otro puede haber soñado, él lo vivió. Medina ha pasado esta semana por Diario de Cádiz, la que fue su casa durante casi dos décadas, para rememorar aquel día de principios de 1972, cuando formó parte de una partida simultánea de Fischer con 20 campeones juveniles españoles.

Sólo un tal Molina le hizo tablas. ¿La anécdota? Medina también se las propuso, "por probar", en el movimiento 10 y Fischer, mirando al gaditano como esa madre que entrega la ropa limpia a su hijo, le contestó: "En 24 jugadas estás muerto". Y así fue. Un día, él le hizo "lo mismo" a Juan Sepúlveda. Antes, el norteamericano se había exhibido en la misma cita, organizada por el club Schweppes de Madrid, frente a otros 20 jugadores de la capital, a los que derrotó con solvencia.

Carlos Medina recuerda que "con siete u ocho años jugaba con mis padres y mis hermanos, y siempre perdía, pero es algo que acabé valorando porque la única forma de aprender es perdiendo, como en la vida. Estudiando bachiller en Columela, el profesor Payares preguntó que quién jugaba al ajedrez y levanté la mano. Ese curso gané el torneo del Instituto y el campeonato escolar en Cádiz. Años más tarde, estudiando electrónica en Salesianos, me proclamé campeón de Andalucía, con 17 años". A partir de ahí empezó a acudir a torneos nacionales e internacionales, lo que le llevó a toparse con Bobby Fischer.

Carlos Medina ha dedicado muchos años de su vida al ajedrez, al que defiende como deporte "porque requiere mucho esfuerzo físico y mental, sobre todo psicológico, de lucha con el adversario". No olvida a gente como Picasso, Badía, Briones, Ragel, Martínez Escudero o Laguna, "siempre difíciles de ganar", o a Manolo González-Serís, "el alma del equipo del Club de Tenis".

Era tanta su dedicación que estudiaba ocho horas al día. "No era el típico jugador con pelo corto, gafas y muy formal. Yo tenía melena y era muy bullanguero", dice. "De tanto estudiar, llegué a soñar en blanco y negro. Venían barcos de Rusia y yo me iba a jugar con los rusos, que eran la gran potencia. Me daban libros muy actuales y me los empapaba, aunque de nada me sirvió en una partida que jugué contra Karpov, que me hizo una miniatura", recuerda el gaditano. Toda una innovación que le dejó a cuadros. Cómo si no.

Carlos Medina también tuvo relación con el sucesor de Fischer como campeón mundial. Lo trajo de visita a Diario de Cádiz y no olvida el día que más saliva ha tragado: "Jugó en Barbate y le llevé a su hotel en El Puerto. Fuimos en mi coche, un 133, él, su guardaespaldas y yo". Llovía tela, tanto que se veía a Pepi Mayo por las esquinas. "El viaje fue tenso, apenas veía y pensaba: como pase algo la KGB me mata. Además, Karpov metía prisa porque quería ver por televisión un Real Madrid-Inter de Milán de la época".

Sus conocimientos de ajedrez le valieron a Medina para abrirse camino en el Diario, donde llegó a trabajar en varias secciones. "Me llamaron para que comentara el torneo en el que Fischer se proclamaría campeón del mundo y ya me quedé, por eso digo siempre que al ajedrez le debo muchas cosas". Cuando empezó en la calle Ceballos, fue menguando su dedicación. "El trabajo me absorbía y no tenía mucho tiempo. Me acuerdo que con Ignacio Valdés, Pérez-Sauci, Pepe Joly y Guillermo Sicre, nos íbamos después de trabajar, a las cuatro de la mañana, a jugar a un pub de Bahía Blanca, Gri Gri. Nos daban las tantas, y cuando me hacían alguna tabla organizábamos alguna fiestecita. Yo tenía cinco minutos para cada jugada y ellos treinta".

¿Las damas o el ajedrez? "Hay tiempo para todo", sonríe.

Jaque mate.

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