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Submarino amarillo

Linares, más amarillo no lo hay

  • El actual segundo de Javi Gracia, que cumple 30 años como profesional, recuerda los éxitos de la cantera, los contratos firmados por Irigoyen en servilletas y las cosas de Jorge 'Mágico' González

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LINARES está muy callado. En Teleteo echan mucho de menos su risa contagiosa. "Y que dure", señala Chico con cierta retranca, pero lo dice en serio. Se encuentra contento y feliz como segundo entrenador del Submarino. "Y que dure, será señal de que van las cosas bien", insiste el jugador del Cádiz que se ha enfundado la camisola amarilla en más ocasiones. "Eso dicen, yo ni las he contado", admite con humildad y paciencia. "Raúl López estaba al acecho, puede que me haya superado ya" sugiere. Nadie sabe quién echa las cuentas en el Cádiz, el homenaje a Linares permanece en el aire. Chico sólo suspira por el ascenso. Treinta años se cumplen de su debut en la primera plantilla, procedente de la cantera. Chico Linares pertenece, y lo dice con orgullo, a los dichosos y extraordinarios años de la cantera del Cádiz, comienzos de la era Irigoyen, los inolvidables tiempos de Milosevic, dos ascensos en su haber, y los recuerdos más traviesos de ese hombre, ese mito, esa leyenda llamada Mágico González.

Corrían tiempos de crisis en el Cádiz. Tras el primer descenso a Segunda, Irigoyen limpió el plantel de figuras ya veteranas, aunque ciertamente determinantes en la historia del primer ascenso, aligeró el capítulo de gastos y reclutó a un montón de chavales del Cádiz B. En dos años consumó una renovación que se tornó en revolución. Linares, Juan José, Recio, Caro, Luque, Manolito, Chano, Amarillo y López, entre otros, suplieron a los Barrachina, Carvallo, Puig, Canito, Quino, Villalba y Ortega, estos últimos traspasados al Betis. "Los únicos de fuera eran Dos Santos y Hugo Vaca, que se amoldaron con rapidez al vestuario y a la ciudad". Linares, en verdad, comenzó su carrera con De Diego, no vamos a olvidar al presidente que cumplió el gran sueño, pero con Irigoyen creció y vivió momentos de garabatillo. Vivió para contarlo.

"La cantera fue un pelotazo, logramos éxitos increíbles, la base del Cádiz éramos chavales de aquí, no veas el ambientazo que había en el vestuario". Los futbolistas gaditanos tuvieron que esforzarse acaso más que los millonarios, ya saben el refrán sobre lo que produce la confianza, y lo hicieron a base de mano dura con Roque Olsen, y gracias al talento de Milosevic. "Y tuvimos que vencer críticas y resquemores de la hinchada, que venía quemada del descenso y no perdonaba una. Recuerdo cuando nos gritaban con sarcasmo aquello de "¡Cubatas, cubatas!". La tarde que ganamos 3 a 1 al Elche en casa, el segundo ascenso de Milosevic, fuimos nosotros quienes gritamos lo de los cubatas a la gente, dimos la vuelta a la tortilla". Qué tiempos. "Convertimos los cubatas en grito de guerra", la chirigota que pasó del cajonazo a la gloria. "En aquellos tiempos nos crucificaban en Carranza a las primeras de cambio". Que no se quejen los señoritos del fútbol de hoy en día.

Irigoyen lo quería todo bueno, bonito y barato. Era un lince, y no demasiado espléndido con los jugadores que le sacaban las castañas del fuego. "Fíjate si era barato todo que Irigoyen firmaba contratos en servilletas", subraya Linares entre carcajadas. "Te lo juro, mira si le salían baratas las cosas que te hacía firmar en una servilleta, su costumbre era negociar contigo, te doy tanto, me pides tanto, toma tanto, firma aquí. Yo mismo fui testigo de la firma de un contrato con Mágico, en Los Tarantos, en una servilleta, hay fotos, y Gabriel lo puede confirmar". De hecho, hasta Milosevic estampó su rúbrica en una servilleta, quién sabe si era de Cinzano o de Tío Mateo, y en una de sus broncas con Irigoyen llegó a mostrar la servilleta en el Diario.

En aquellos tiempos había sueldos para casados y sueldos para solteros. Linares formaba parte del clan de los solteros, esto es, de los tiesos. Y al proceder de la cantera, como quiera que los medievales contratos con derecho de retención ataban al jugador a la mesa del club, estuvo cinco años con una ficha de cien mil pesetas. "Se nos iba el sueldo y apenas podíamos ahorrar con la ficha, y para colmo, como yo recibía muchas tarjetas, pues casi me costaba el dinero jugar", más risas. "Al final me perdonaban las 300.000 pesetas pa que no muriera de hambre. Yo jugaba duro, claro, pues me situaba como pivote defensivo y entonces se estilaba jugar con marcadores, así que solía perseguir a mi contrincante por todo el campo". Fleurquin se hubiera arruinado, dicho sea de broma, pues el uruguayo sufre agravios comparativos y le han visto cara de tarjeta. Un diez por ciento de aumento de sueldo experimentaban los canteranos cada año, y poco más, hasta cumplir los veintiséis. Una especie de réplica de los contratos basura, sin ánimo de comparar.

Mágico González, entre multas y disloque, apenas ganó dinero en Cádiz, coincide Linares. "Le pagaban el piso, la comida, etc., y yo creo que se quedaba poco dinero para él". De talento, genialidad y buena educación iba sobrado el salvadoreño, cuyas leyendas negras y no tan negras están por ver. Linares, por ejemplo, sostiene que Jorge González no lleva ni ha llevado mala vida en El Salvador. "Allí es como un rey, siempre ganó dinero a través de publicidad de grandes marcas y otros recursos. Nada de taxista ni pamplinas". Por cierto, en internet aparece Mágico con una bandera de Brigadas Amarillas. Genio y figura.

Linares, a quien no gusta hablar de sí mismo como futbolista honrado y poco egoísta que siempre será, recuerda tardes gloriosas de Mágico. Bares, qué lugares. Si David Vidal, el gallego, rememora cuando Mágico le vaciló en una cafetería propinando decenas de toques a un paquete de tabaco, para demostrarle que estaba en forma y que odiaba la suplencia como condena, Chico trae otra anécdota curiosa. "Mágico le daba patás a todo: una naranja, unos calcetines envueltos, lo que fuera. Una tarde el dueño de un bar le pidió que jugase con una naranja. Mágico se picó, se le cruzaron los cables tras unos minutos de virguerías y le dio tan fuerte, pegó tal empalme que estampó la fruta contra un enorme el espejo, no veas el mosqueo". Más risas.

Camino de Segunda. "No tenemos que estar preocupados por el rival que nos corresponda en la fase de ascenso. Son ellos quienes tienen que estar preocupados". Así habló Linares. Un Chico grande con el corazón amarillo.

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