Última hora Trasmediterránea anuncia la salida del ferry para esta tarde. Cerca de un centenar de personas, atrapadas en el puerto

Ciclismo

El Gobierno quiere nombres

  • Maribel Moreno, la ciclista que volvió a España alegando un "ataque de ansiedad", primer caso de dopaje en Pekín · Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, buscará a los cómplices

Más estruendo que los atentados de la pasada jornada en la ciudad china de Xinjiang, la Villa Olímpica recibió ayer la noticia del dopaje de Maribel Moreno como una bomba de kilotones de EPO. Primer caso de dopaje en Pekín. El dudoso honor, para España. La gravedad de la sospecha vuelve a atosigar a la bicicleta nacional. Y los españoles lideran su ominosa clasificación.

Recién llegada a Pekín el pasado 31 de julio, la ciclista española fue sometida a un análisis de orina sorpresa, pero de los de todos los días. La muestra quedó guardada posteriormente en un frasco aséptico, cuya siguiente meta era un laboratorio pequinés y su rutinario protocolo busca-tramposos ciclistas. Por su lado, las metas de Moreno en los presentes Juegos eran pelear por lo máximo en las pruebas de ruta y de contrarreloj. El frasco con la orina pasó su línea de meta e hizo sonar las alarmas y a Moreno le alarmó el atisbo de sonido y no llegó a pisar siquiera la línea de salida.

Enigmáticamente para todos los aficionados, menos para ella y para quién sabe qué más cómplices, la ciclista de Sabiñánigo abandonó China alegando una "crisis de ansiedad". Los teletipos apuntaban una dosis de presión psicológica desmesurada. Que si el estrés de la competición, que si la distinta pasta de la que está hecho el deportista de alta competición. Nada de nada. Moreno sufría el remordiminento del escarnio en Pekín. Avión y vuelta a casa. Y tierra trágame.

Con la ciclista desaparecida -los corresponsales hablaban el domingo del aplazamiento de una comparecencia de prensa debido a su "bajo estado de ánimo"- y con la radioactividad del dopaje recorriendo cada rincón de la Villa, llegó el turno de los responsables institucionales. La reacción fue unánime.

Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, presente en los Juegos desde el inicio, irrumpió enérgicamente. "Se trata de una irresponsabilidad absolutamente lamentable". También pidió a la ciclista que denuncie a sus cómplices para aplicarles "con toda la dureza" la ley, si es posible con la inhabilitación o la cárcel. El cabreo del dirigente español era de dimensiones pantagruélicas. Lissavetzky hablaba como un político, sí, pero miraba y sentía como un ogro. La tensión en la rueda de prensa se notaba hasta en los micrófonos, de tembleque en tembleque.

El secretario de Estado continuaba su aserto: "Le pediré por favor, mirándola a los ojos, que diga quién se la ha dado (se refería a la EPO), porque vamos a ir a por esa persona. Este daño, esta irresponsabilidad, se puede rebajar si se dan nombres".

Lissaveztky quiere los nombres. Los cómplices, los culpables, tienen más nombres y apellidos que los de Maribel Moreno. Lissavetzky utilizó métodos de poli bueno. Los de poli malo vendrán cuando se encuentre la manzana podrida que maltrecha la cesta. Y cuando se dé con el gusanito...

Por lo pronto, el secretario de Estado movió los primeros hilos. Solicitará a la Federación Española de Ciclismo "una investigación para saber quién ha suministrado, aconsejado o dado la sustancia a la deportista". Da a entender así Lissavetzky que no se fía únicamente de los ojos de Moreno y que usará otros modos de persuasión.

"Aplicaremos con toda la dureza la nueva Ley española contra el Dopaje. Llegaremos hasta el final", afirmó Lissavetzky. Según la legislación, el suministrador puede ser "inhabilitado o si es necesario metido en la cárcel", informó el dirigente, que compareció acompañado del presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, el presidente de la Federación Española de Ciclismo, Fulgencio Sánchez, y el secretario general y jefe del equipo olímpico de ciclismo, Eugenio Bermúdez.

En el turno de Blanco casi llegaron los lamentos. "Es un momento duro, pero no es para echarnos a llorar. Estamos persiguiendo el dopaje como pocos países. Si se han hecho seis controles en el último mes, lo que no se puede hacer es perseguir hasta su casa a los corredores para ver qué se toman o qué se inyectan. Nosotros confiamos en los atletas españoles. Hay 286 atletas y me quedo con los 285 que no se han dopado".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios