Emoción para una Liga blanca

  • El Real Madrid se lleva el título tras remontar en los últimos instantes del partido el gol de Osasuna · El conjunto blanco no espera al clásico del miércoles para proclamarse campeón

El Real Madrid se proclamó campeón de Liga por trigésimo primera vez en su historia tras ganar a Osasuna en un final de partido vibrante en el que los blancos tuvieron que remontar en los últimos tres minutos del choque el gol de penalti de los navarros, y todo esto con un jugador menos por expulsión Cannavaro.

Los de Schuster retomaron el espíritu de remontada que les llevó a conseguir el título la pasada temporada y con un inesperado arreón final lograron adjudicarse su segunda Liga consecutiva, algo que no lograban desde 1990. El conjunto merengue, que podía haber sido campeón sin bajarse del hotel de concentración en el caso de que el Villarreal no hubiera conseguido la victoria, se mostró dubitativo en el inicio, pero supieron reaccionar para no perder la primera ocasión en la que dependían de sí mismos de llevarse el esperado título.

Sabedores de la victoria de los castellonenses y con las declaraciones previas de varios jugadores en las que mostraban sus preferencias a proclamarse campeones en el clásico contra el Barcelona, el Real Madrid salió a un ritmo bajo y expectante a la propuesta de Osasuna, que se jugaba la vida ya que, antes de iniciarse el encuentro, ya ocupaba plaza de descenso. Los navarros se hicieron dueños de la pelota desde el inicio, aunque no eran capaces de traducir ese dominio y en ocasiones claras de gol. Un tiro de Portillo y alguna internada peligrosa de Azpilicueta fueron los únicos quebraderos de cabeza para una ordenada defensa madridista.

Mientras, los blancos esperaban su oportunidad en alguna contra y con muy poca presencia ofensiva cerca estuvieron de adelantarse en peligrosos disparos de Robben y Diarra y en un cabezazo de Sneijder tras una buena acción de Saviola, que volvió a recibir la oportunidad de Schuster tras su buen partido contra el Athletic.

Con Guti lesionado y Robinho en el banquillo, el equipo no pudo mostrar el potencial defensivo de otras noches y tanto Diarra, incapacitado para la construcción, como Robben, muy apagado durante todo el encuentro, no eran capaces de manejar el partido. Gago y Sneijder, los otros dos centrocampistas, estaban más centrados en labores defensivas, tarea que cumplieron a la perfección.

Tras la reanudación, el Real Madrid se quedó con un hombre menos casi de salida por la expulsión de Cannavaro por doble amarilla. Esto hizo cambiar los planes del entrenador alemán, que dio entrada a Torres en sustitución de un desaparecido Saviola. El partido se tornó muy bronco y, poco a poco, se fueron sucediendo las amarillas hasta llegar a las nueve con las que se llegó al final del encuentro. Sin embargo, paradójicamente, a raíz de la expulsión del central italiano, los blancos disfrutaron de sus mejores minutos y aunque sin ocasiones claras, a excepción de un tiro de Sneijder que se estrelló en el larguero, tuvo una mayor presencia en el área navarra y a punto estuvo de adelantarse.

Osasuna, por su parte, comenzaba a estar desfondado y parecía acusar el alto ritmo de la primera mitad. Sin embargo, cuando los de Ziganda ya daban por bueno el empate, una absurda mano de Heinze dentro del área, adelantaba al los navarros gracias al penalti transformado por Puñal.

Lejos de dar el encuentro por perdido, el Madrid reaccionó y tras una falta cabeceada a la perfección por Robben llegó el gol del empate. Sólo dos minutos más tarde, una internada por la derecha de Higuaín, que batió a la perfección a Ricardo, llevo el éxtasis a los madridistas, que no se creían lo que habían logrado. El Madrid ya puede celebrar un título que, aunque previsible, llegó de la forma más inesperada.

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