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El Cádiz juega con 12 en Sevilla

  • Marea amarilla Unos 3.000 cadistas acuden al Sánchez-Pizjuán Triunfo Los puntos también cayeron en las gradas

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08:30 de la mañana. Un hombre ataviado con una bufanda amarilla saca dinero de un cajero automático; le esperan tres personas. 13:48 de la tarde. El Cádiz, también vestido de amarillo, saca tres valiosos puntos del Ramón Sánchez-Pizjuán. 21:24 de la noche. A ciertos meteorólogos les crece la nariz como a Pinocho. No llueve en la Tacita de Plata.

Un día largo, lo relativo del tiempo. Edu, Luis, Nacho y Carlos fueron finalmente a la erizada. No lo tenían pensado cuando se despertaron a eso de las ocho de la mañana, con los ojos pegados, sin ganas de hablar con nadie. Sobados. Pendientes del clima, pero sobre todo de un resultado. Coche y cuatro amigos, como la novela de David Trueba.

Llegada a Sevilla, previo desayuno en la autopista. Café para abrir los ojos. Antes del partido, la primera cerveza del día. Cadista es el que cuando se levanta jugando su equipo a las doce del mediodía de un domingo en Sevilla se levanta y coge carretera y manta. Carretera y manta. Seis grados recibieron ayer a la expedición amarilla. Un tipo en mangas cortas, mangas amarillas. Lo de Juan sin frío se ha convertido en un tipo carnavalero.

Cada uno a sus anchas. Miedo inicial. Comité de bienvenida de xerecistas y sevillistas. Intimidación gratuita. Hay que mirar para otro lado y andar rápido. No hay policías. Después pasa lo que pasó.

El primer gol de Parri espabila a los cadistas. Se entra en calor. Juan Pablo vuelve a adormilarlos. Al final, en el último instante, Gastón Casas abre los ojos de 3.000 personas. Nada que ver con las caras de las ocho de la mañana, con la bata encajada y el cepillo de dientes en la boca. Gritos, abrazos y todas las ganas del mundo de hablar con la gente. Hay erizada.

Erizada con coplas, pero sin Arrebato. El Sánchez-Pizjuán se convierte en un karaoke antes de los partidos, aunque jueguen los pequeños. Otro cántico se superpone, a los que meten miedo con un 0-3 en la buchaca. "Sí, sí, sí, subimos en Chapín". "A Segunda B". "Que bote Carranza". Los insultos salen de los sevillistas, de los cadistas los cuplés.

Y a todo esto, Koke Contreras haciendo carrera continua para entrar en calor, muestra del poco trabajo que tuvo a la hora de defender su portería.

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