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¡Que vienen los turcos!

  • Coinciden al alimón dos libros de autores turcos traducidos por el cordobés Rafael Carpintero. Ambos llaman a la plegaria: hay vida más allá del Nobel Orhan Pamuk

Visitantes a la mezquita de Solimán disfrutan de las vistas de Estambul desde lo alto de una de las siete colinas que dominan el Cuerno de Oro. Visitantes a la mezquita de Solimán disfrutan de las vistas de Estambul desde lo alto de una de las siete colinas que dominan el Cuerno de Oro.

Visitantes a la mezquita de Solimán disfrutan de las vistas de Estambul desde lo alto de una de las siete colinas que dominan el Cuerno de Oro. / sedat suna / efe.

Ahmet Hamdi Tanpinar (1901-1962) escribió una vez que "ni estoy dentro del mundo ni por completo fuera". Era el autorretrato, digamos que a la turca, de un verso suelto: él mismo. Sintió la escisión estética y cultural del mundo otomano, diluido tras la Gran Guerra. A partir de 1923 Atatürk fundó la República de Turquía. Había nacido el turco nuevo, occidentalizado.

Autores turcos como Tanpinar y Sabahattin Ali (1907-1948) escribieron bajo el contraluz de esa aurora: la nueva Turquía. Adiós al fez. Hola al sombrero de copa. Rafael Carpintero ha traducido del turco dos obras que ahora coinciden en las librerías del invierno. De Tanpinar Sexto Piso publica su libro viajero Cinco ciudades. Por su parte, Salamandra lanza la novela de Ali Madonna con abrigo de piel, que ha vendido más de un millón de ejemplares en la muy noticiosa Turquía de hoy.

"Sabahattin Ali y Tanpinar -explica Carpintero- representan las dos grandes corrientes de la literatura turca contemporánea. Ali pertenece al realismo social. Pero Tanpinar es mucho más complejo y lírico. Aunque cada uno hable de lo suyo, hay que leerlos como si aquí estuviéramos leyendo a Aldecoa o al Caballero Bonald de Dos días de septiembre". Por eso, siguiendo primero con el esteta, Tanpinar fue un verso suelto en su propio tiempo fuera del tiempo. Fue republicano, aunque añoró el ayer perdido. El sociólogo Besim Dellaloglu lo define como "musulmán cultural" (algo parecido, dice Carpintero, a ese ser un "ateo católico" a lo Gustavo Bueno).

Por Tanpinar se llega a Orhan Pamuk. "Es imposible saber de dónde procede Pamuk sin haber leído al Tanpinar novelista (él, no obstante, se declaró poeta). Ahí está el germen de la escritura de Pamuk", dice el traductor de ambos. De Tanpinar Sexto Piso ha publicado ya Paz y Lluvia de verano. Hace años apareció su estupenda novela paródica El instituto para la sincronización de los relojes. Ahora tenemos esta otra glosa viajera, Cinco ciudades, que refleja la mirada sedente del autor sobre los paisajes de Estambul, Ankara, Bursa, Konya y Erzurum. Todas estas piezas fueron escritas mientras acontecía la IIGM. Turquía se había convertido en "un suburbio del mundo" (Pamuk).

El regreso al mundo selyúcida (anterior al otomano), los antiguos caravasares de Anatolia, la pista al gran viajero del XVII Evliya Çelebi, o el urbanismo político de la nueva capital Ankara, son algunos de los temas que trata Tanpinar. Su libro viene a ser el reflejo de "esa cultura que es el rostro espiritual de nuestra patria".

Caso distinto es Madonna con abrigo de piel de Sabahattin Ali. Cuenta Carpintero que el libro tuvo su gloria en Turquía en las redes sociales. "Estuvo de moda subir fotos en Instagram con un café y el libro en una mesa. La gente decía esto es vida o cosas así."

Ambientada en la Europa de entreguerras, entre Ankara y Berlín, la novela cuenta la historia de un joven turco de entonces, el inapetente Raif Efendi. Viaja a Berlín enviado por su padre para saber los secretos de la fabricación de jabones de lujo. Allí conocerá a la artista Maria Puder. El trallazo del amor lo cuenta en un cuaderno que mantendrá oculto. Sabremos de su contenido años después, cuando el ya viejo Raif, incoloro y sumiso, accede al interés de un compañero de trabajo.

Sabahattin Ali fue además periodista de sátira política y socialista. Al parecer murió asesinado en 1948 en la frontera búlgara por los servicios secretos turcos. El New York Times traza ahora una línea paralela entre lo que Ali tuvo que soportar como escritor acosado y lo que sufren los colegas turcos de hoy. Algunos de ellos están encarcelados (es el rebufo que trajo el último y fallido golpe de estado contra Erdogan). Esto explica, añade la promoción editorial, la popularidad de Ali entre los desencantados turcos. ¿Sí? ¿No? Carpintero dice que el New York Times ha confundido la biografía de Ali con esta Madona en concreto.

"Hay un paralelo entre la vida de Sabahattin Ali y casi todos los periodos de la vida política en Turquía. Un chiste de aquí dice que no eres un escritor como es debido si nunca has estado en la cárcel. Caso de Nâzim Hikmet, Yasar Kemal, Yusuf Atilgan, Orhan Kemal y tantos otros. Yo no creo -añade- que los turcos de ahora estén leyendo la novela en clave política. Muchos profesores de instituto llevan años recomendándola a sus estudiantes para que den el salto a la literatura seria. Quien quiera leerla como una especie de Biblia de la juventud turca más moderna se llevará una decepción".

Hoy el escritor de señalación política sigue siendo el gran poeta comunista Nâzim Hikmet. Incluso los jóvenes -matiza Carpintero- prefieren otro tipo de novela más underground a lo Hakan Günday. Todo lo más, Sabahattin Ali vendría a ser el caso único de un curioso influencer turco en blanco y negro.

Del 'Diván' al detective transexual

¿Por qué decide uno aprender el turco en pleno imaginario de El expreso de medianoche? Rafael Carpintero Ortega (Córdoba, 1962) dice que en la Autónoma de Madrid era lo más rarito que había. Por eso lo escogió. "La tortura del turco es lo que tiene precisamente de atractivo. El placer radica en verter conceptos que no existen en español. Lo peor, y lo mejor, de traducir el turco son sus endiabladas estructuras sintácticas o sus formas verbales". Carpintero ya no camina solo. Lo acompaña Pablo Moreno, quien también traduce a Pamuk y a otros autores olvidados. Es el caso de Yusuf Atilgan, coetáneo de Sabahattin Ali y de Tanpinar. No hace mucho Gallo Nero publicó Un hombre ocioso de Atilgan.

Pamuk es un autor muy leído. De Nedim Gürsel y Elif Shafak se publican sus novelas con cierta fluidez. Y otros muchos, caso del recién fallecido Yasar Kemal, o los canónicos Sait Faik, Halide Edip Adivar, Orhan Kemal o Yakup Kadri Karaosmanoglu forman parte del mismo canon: el olvido. Sólo se salva Nâzim Hikmet. La literatura turca sigue siendo en España una gran desconocida. Carpintero dice que es porque faltan referentes serios. Los editores sólo se fían de agentes y amiguetes.

Faltan continuidad y decisión. Fueron traducidos como efímera flor de un día autores como Ahmet Ümit, amigo personal de Carpintero y todo un bestseller de la literatura negra turca. Lo mismo esparce cadáveres por Estambul que por los antiguos restos hititas del sur de Turquía. Nuestro enlace turco-español también tradujo a Perihan Magden y sus Dos chicas de Estambul (exagerada o no, Magden ha dicho que vive hoy en su país como una "judía en la Alemania nazi"). Por su parte, Mehmet Murat Omer nos legó hace años su Miss Marple turca. Era el primer detective transexual del Bósforo y no hemos vuelto a saber de él/ella. Lejos queda ya la antigua literatura otomana del Diván.

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