Un órgano de poder en el comercio marítimo: el Consulado

  • La burguesía portuaria se convirtió en un elemento fundamental

Desde la hermosa bahía de Sanlúcar de Barrameda, el Atlántico penetra tierra adentro acompañando al mítico Guadalquivir rodeado de marismas, unos ochenta kilómetros hasta llegar a Sevilla en un camino de ida y vuelta que convierte a esta ciudad en un abrigado puerto deseado y visitado desde la antigüedad por numerosos pueblos que hicieron de ella un lugar cosmopolita y mercantil. Esa fue la causa por la que la Corona, cuando pretendió controlar el desbordante tráfico comercial que iba surgiendo desde las nuevas tierras que se habían descubierto al otro lado del Atlántico, la eligió para fundar en ella la Casa de la Contratación en 1503. El ya pujante comercio con el Mediterráneo se vio engrandecido con el de Indias y Sevilla se convirtió en una ciudad populosa y rica en la que entraba la plata con la misma facilidad que salía, descrita con tanta profusión que no hace falta insistir. En ella jugó un papel preponderante el Consulado de mercaderes a Indias, creado en 1553 a instancias de éstos, a la vista de que el comercio atlántico había superado todas las expectativas que en él se habían depositado.

Siempre surge la pregunta de cómo se permitió el establecimiento de un Consulado en Sevilla donde ya funcionaba la Casa de la Contratación con unos fines bien definidos y, en parte, bastante parecidos a los Consulados ya existentes: en el caso de Sevilla regir el comercio con las Indias y conocer los pleitos de él derivados, amén de otras funciones que se le fueron añadiendo y, en definitiva, mantener el monopolio que la Corona pretendió siempre establecer con las nuevas tierras descubiertas. Pero, a la luz de la amplia bibliografía que nos ha ido iluminando sobre la llamada Carrera de Indias, pienso que el establecimiento del Consulado sevillano fue la primera claudicación del monopolio estatal en beneficio de una especie de monopolio privado. Con una aclaración: que en manera alguna esta claudicación fue voluntaria, sino que estuvo determinada por las circunstancias de penuria económica que se dieron, en general, durante el reinado de los Austrias y la necesidad imperante de la plata de Indias que llegaba cada año, en su mayor parte, para particulares.

Un órgano de poder en el comercio marítimo: el Consulado Un órgano de poder en el comercio marítimo: el Consulado

Un órgano de poder en el comercio marítimo: el Consulado

En efecto, pronto se vio que el Consulado era bastante más que un tribunal gremial porque la centralización política se sustentaba sobre las nuevas clases sociales: la burguesía portuaria que con la llegada de Carlos V se convirtió en el elemento necesario para el proyecto de colonización que el Rey tenía por delante. El armador, el empresario, el comerciante, el financiero, ahora más que nunca ligados a la corona, fueron elevados a posiciones de mando arrebatando parcelas de prestigio, fuerza económica y poder político a la nobleza agrícola y militarista.

Como consecuencia, el Consulado se convirtió, además de tribunal de justicia, en una institución administrativa y financiera que había sustituido a la Casa de la Contratación en muchas de las funciones que en un principio les fueron encomendadas hasta tal punto que para todos los asuntos de la carrera de Indias tanto la Casa como el Consejo debían consultar con él. Durante todo el siglo XVII los regidores del Consulado formaron fuertes camarillas para controlar el tráfico. Pero su poder radicaba, sobre todo, en las grandes cantidades monetarias que prestaban a la Corona para mantener su política imperialista. Se ha podido constatar que al menos 30 millones de ducados fue la aportación del Consulado sevillano a los gastos de la monarquía desde 1550 a 1700.

Aunque con el 'pacto' entre la Corona y los comerciantes sevillanos se definen los primeros caracteres del capitalismo moderno, fue esta sangría de préstamos e incautaciones continuas lo que acabó con su poder y el opulento comercio sevillano terminó de arruinarse con los azares de la guerra marítima con Inglaterra. Muchos banqueros, armadores y mercaderes, quebraron, los mas afortunados invirtieron sus caudales en bienes raíces y sólo unos pocos continuaron comerciando.

Bastante antes de recibir sanción oficial con el traslado de la Casa de Contratación, el comercio indiano había cambiado Sevilla por Cádiz y algo tuvo que ver, entre otras muchas causas, que su abierta bahía se prestaba mejor al fraude que ya los extranjeros y sus socios españoles practicaban sin recato alguno. Fue uno de los resultados de la política fiscal de aquel momento y Sevilla, cuya miseria en la segunda mitad del siglo XVII fue tremenda cuando la peste de 1649 arrasó con más de la mitad de la población, su más lastimosa víctima, según Domínguez Ortiz.

Cuando la institución consular se trasladó a Cádiz en 1717, siguiendo los pasos de la Casa, solo dos testigos permanecieron inalterables para proclamar los esplendores de una época irrepetible: el bello edificio de la Casa Lonja diseñada por Herrera, que hoy alberga el Archivo General de Indias, y un cuadro pintado por Zurbarán -una magnífica Pentecostés- que presidía la sala de Juntas y que se conserva en el Museo Provincial gaditano como vestigios de dos ciudades cuyos grandes mercaderes controlaron el tráfico atlántico durante tres siglos.

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