Crítica de Cine

La guerra fantasma

La perspectiva femenina se instala poco a poco en el cine bélico, véase a Kathryn Bigelow en Hollywood u otro título francés reciente como Les combattants, también en esta cinta de las hermanas Coulin (17 filles) premiada en Cannes (mejor guión en Un Certain Regard) a propósito de la parada de descompresión de un batallón francés destinado en Afganistán en la isla de Chipre antes de regresar a su país.

En su primer y más interesante tramo, La escala retrata la llegada y el deambular espectral del grupo de soldados en un resort turístico de lujo, creando uno de esos paisajes de extrañamiento por contraste tan del gusto de cierto cine contemporáneo. Es en ese espacio artificial tan lejano y ajeno a la guerra donde el eco del trauma, la violencia soterrada y las dinámicas de la contienda afloran en forma de gestos y alusiones, a través de la relación esquiva de una pareja de mujeres soldado (la griega Ariane Labed y la francesa Soko) que va desentrañando poco a poco el trasfondo de una batalla interior que no sólo entiende de patrias y enemigos sino también de géneros.

Las Coulin redoblan además ese efecto de distanciamiento fantasmal con las representaciones virtuales de la zona de combate en las sesiones de grupo, un nuevo espacio para la catarsis colectiva y la expiación individual de los miedos.

En la segunda y menos interesante parte del filme, esas mismas tensiones, traumas y frustraciones se desarrollan ya a cielo abierto y fuera del resort, en contacto con el paisaje de una isla donde también supuran las heridas de otros conflictos (Grecia/Turquía) y donde se liberarán los instintos dominantes de una manera mucho más explícita.

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