Crítica de Cine

Modesto pedestal para grandes interpretaciones

Fotograma de la cinta británica dirigida por Jonathan Teplitzky. Fotograma de la cinta británica dirigida por Jonathan Teplitzky.

Fotograma de la cinta británica dirigida por Jonathan Teplitzky. / d. s.

El problema de esta película es la desproporción. No se puede tener una talla tan minúscula -para colmo con pretensiones de qualité- como la del director Jonathan Teplitzky (Burning Man, Un largo viaje) y enfrentarte a la figura gigantesca de Churchill. Uno debe ser consciente de sus limitaciones. No es fácil saber si el guionista, un curioso híbrido de historiadora, columnista y escritora de bestsellers históricos llamada Alex Von Tunzelmann, es corresponsable del soso y solo correcto resultado. Esta figura gigantesca y los días terribles que vivió antes del desembarco en Normandía -obsesionado por el sangriento fracaso de Gallipoli- no reciben un tratamiento cinematográfico que esté a la altura del personaje y de los hechos. Se nota demasiado que en la vida profesional de Teplitzky hay más series de televisión que largometrajes de cine.

La guionista Von Tunzelmann parece intentar, por lo que del guión se transparenta en la película, hacer un retrato complejo del coloso histórico enfrentado a los demonios interiores de un carácter inestable, asaltado por la duda de si la operación que seguro va a sacrificar miles de vidas tiene posibilidades de éxito, sobrecogido por el momento histórico que le ha tocado liderar, chocando con los altos mandos militares británicos y estadounidenses (con Montgomery e Eisenhower sobre todo) y, por si fuera poco, asaltado por la sensación de que le acababa el tiempo (en 1944 Churchill tenía 70 años).

Afortunadamente algo de esto está presente en la película, pese a la rutinaria dirección de Teplitzky (que solo remonta el vuelo en la escena de la entrevista entre Churchill y Jorge VI) gracias a la extraordinaria interpretación de Brian Cox, un Churchill perfecto y matizado, y a la soberbia réplica que le da Miranda Richardson como su esposa. En estos dos grandísimos trabajos interpretativos sí hay proporción entre las figuras históricas y el talento necesario para representarlas. Cox y Richardson son toda la película, la única buena razón para verla. Las tres estrellas son para ellos.

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