Crítica de Cine

Dolores de barriga

En su imparable ritmo de película al año desde aquella ya lejana Sitcom (1998), François Ozon, pasa con bendición de Cannes del melodrama histórico de autor en blanco y negro de Frantz, su particular revisión de la novela que ya inspirara Remordimiento (1932), de Lubitsch, a este enrevesado y delirante thriller psicológico en el que adapta a Joyce Carol Oates (Lives of the twins) buscando emparentar con Hitchcock, De Palma, Polanski, Verhoeven, Cronenberg (la referencia a Inseparables se hace inevitable) y otros estilistas de lo siniestro y lo retorcido en su retrato de una relación triangular entre una joven neurótica (Marine Vacth, protagonista de Joven y bonita) y los hermanos gemelos psiquiatras (Jérémie Renier, limitado en los matices) que intentarán curarla de sus ansiedades y su somático dolor de barriga a golpe de amor y sexo.

Los materiales de primero de diván (el doppelganger, la transferencia, la aberración genética, el psicodrama sexual…) son puro pulp de novela de Corín Tellado o de melodrama de sobremesa, y el guión que los (des)organiza viene plagado de giros, cambios de punto de vista, trampas y golpes de efecto propios del género en su versión más desaforada, caprichosa y manipuladora.

Sin embargo, Ozon no consigue elevarlos a una forma lo suficientemente estilizada o hiperbólica como para que dejen de resultar obvios e incluso ridículos (el recurso a los espejos, a la pantalla desdoblada, la cursilería de las ensoñaciones, los escenarios urbanos…), haciendo que cada nuevo desvío (o engaño), cada nueva frase lapidaria o cada nueva y truculenta revelación confirmen una impostura y una inflación que sólo engrandece aún más a sus referentes y rebaja sus habilidades como supuesto autor todoterreno.

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