'Los últimos días de Nietzsche', demasiado humano, demasiado

  • El patio de butacas no 'acompaña' a la calidad de la obra y de la interpretación

Tomarse la vida con filosofía no da siempre los mismos resultados. Demasié para su cuerpo, la vida de Nietzsche fue breve y desmesurada. ¿Podría ser la vida humana, vivida desde la conciencia, otra cosa que demasiado?.

Por esto -cuando la lucidez alcanza la luminosidad de una razón al uso superada- está justificado el histrionismo de Alfonso Torregosa encarnando al protagonista, dentro de un conjunto de actores naturales y, por lo general, contenidos, creíbles.

De la mano de estos acudimos a una suerte de juicio sobre la salud mental de un pensador en su postrimerías cuyo pensamiento unos y otros desean, por razones diferentes, ya clausurado.

El escenario, austero hasta el límite, luce un mobiliario de metacrilato que más bien desaparece, aparentado (asientos, cama y mesa) más bien su ausencia, de nuevo que parecen con frecuencia los personajes apoyarse sobre la nada misma a tono con una filosofía que ha dinamitado las bases mismas de la cultura occidental, el sustento también de nuestras vidas particulares y acostumbradas.

Una duda, eso sí, nos queda: ¿No se da por supuesto demasiado saber acerca de Nietzsche? y es que, de golpe, aparecen en tropel y apenas mencionados, además de igualados en exceso hasta la confusión, los elementos claves del pensar de éste: el león, el camello, el superhombre, la voluntad de poder, el eterno retorno, Apolo, Dionisos, Dios, Cristo, Platón,... demasiado, tal vez, para un público que, en principio, ha ido al teatro.

Un público, una vez más hemos de decirlo, bastante escaso dada la calidad de la obra, el prestigio indiscutible de los actores y la población creciente sin tregua de Chiclana. Algunas cosas fallan.

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