La voz de África suena a tambor

  • Los barrios negros de Montevideo viven su carnaval más intenso con las Llamadas, comparsas nutridas y acompañadas de bailarinas y vedettes que hacen un espectacular pasacalles al ritmo de los tamboriles

Cha-cha-cha, chá-chá, la clave del candombe, las baquetas golpean los laterales de los tambores, del chico, el piano y el repique, que contestan con un retronar redoblante más grave e imposible de describir con una onomatopeya. Tiembla el cuerpo. Es el Desfile de Llamadas, la voz reivindicativa y elocuente de África en el centro de Montevideo, el concurso en la calle Isla de Flores, en los barrios Sur y Palermo, los más negros de piel.

El Carnaval uruguayo estalla con las Llamadas de las comparsas de negros y lubolos, que recrean las salidas nocturnas que se les permitían a los esclavos en sus escasas jornadas libres. Entonces, se reunían los de diferentes procedencias en grupos, usando precisamente los diferentes ritmos tambores para 'llamar' a los de su mismo pueblo. De ahí el nombre.

Tras calentar tambores en una hoguera improvisada con cartones y tablas, cha-cha-cha, chá-chá, inicia el desfile la comparsa 'Cuareim 1080', heredera directa en tradición de la pionera 'La Morenada', y de la que ahora es dueño Walter Silva, nieto del fundador y feliz portador de una camiseta con la efigie de Barack Obama. Efigies de otros líderes negros en las banderas de esta comparsa, Luther King, Mandela, Mohamed Alí... y un círculo blanco reservado para el futuro, como esperanza. Estrellas y lunas representadas en múltiples formas en las insignias, homenaje a la noche que acogía las salidas de los negros, un recuerdo que se repite en todas las comparsas. También en las denominadas de lubolos, blancos celosos de esa manifestación que empezaron a formar grupos, se pintaban la cara de tizne y se inventaron un país de procedencia, Lubolia.

Vienen desfilando los personajes de la tradición, la mama vieja con su abanico, a la que corteja el gramillero, un señor muy anciano como un practicante de 'bailemos el parkin-son'. Y las bailarinas, las vedettes, vayatela de rubia, pero esa no es bailarina sino más bien una modelo, comenta la compañera disimulando su envidia. Sudor y brillo de maquillaje en los cuerpos de los bailarines, sudor y sangre en la mano izquierda de los tamborileros que golpea desnuda, sangre de verdad que va tiñendo los cueros, yemas estalladas por la fuerza de los golpes, mientras la mano derecha empuña la baqueta y tiene mejor suerte.

Llega 'Kanela y su tronar de tambores', un personaje de casi ochenta años, túnica dorada y gran penacho de plumas, reconocido y aclamado por todos. Y en su comparsa, nuevo despliegue de mujeres ligeras, muy ligeras de ropa. Hay que ser malage para buscarles defectos, simplemente las hay, y los hay, de todos los calibres. Comenta Eduardo Rabelino, el director del Museo del Carnaval de Montevideo, que hicieron una encuesta entre las muchachas de los barrios carnavaleros y que a la pregunta de qué querían ser de mayores, una mayoría contestó "yo quiero ser vedette".

Viene 'La Melaza', una comparsa integrada sólo por mujeres, y levantan pasiones, son las únicas que acompañan el pum-pum invasor de las entrañas, con una sección de viento muy efectiva. Y además cantan: "Somos la melaza que llora, somos la melaza que ama...". Y también sangran las manos de la cuerda femenina de tambores. Van llegando a la tribuna políticos, los del Frente Amplio de Izquierdas, que se pelean ahora por suceder a Tabaré Vázquez en la presidencia del país. Arriba saludando a todo el mundo el ministro de Economía, Alvaro García, destacado letrista de la murga 'La Cofradía'. En Uruguay es así: la ministra de Salud, María Julio Muñoz, toca en la cuerda de tambores de una comparsa. Por allí aparece José Mugica, querido por todos y conocido como 'El Pepe', ex líder del grupo guerrillero Movimiento de Liberación Nacional y ahora serio aspirante a presidente. Ahí está el Pepe" grita una jovencita, "¡A diez pesitos el paquete!" le contrapuntea el descamisado vendedor de palomitas.

Pasan y pasan, durante dos noches más de cuarenta comparsas, participantes en el concurso, y se generaliza muchas más veladas por todo Montevideo, ya fuera del concurso oficial. Pero el jueves, el mundo se detuvo y el tronar de los tambores se diluyó cuando apareció tremenda vedette de color pantera, ante la que los fotógrafos se postraron en masa. La bomba sexual no llegó a estallar, porque la humanidad allí presente se conformó con el rito de adorarla. Negras como reinas, lubolos como príncipes, participar en ese desfile haría felices para toda la vida a muchos personajes de Cádiz, y he de confesar que esta última frase es de Vicente Sánchez.

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