Si no lo ves... ¿no existe? Bienvenidos al metacarnaval

  • Los cuartos de final nos han dejado cameos de personajes y agrupaciones carnavaleras

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El hombre ha perdido la fe. Ya el bueno de Federico (Nietzsche) se encargó de tambalear los cimientos de la tradición con su rotundo Dios ha muerto o, antes, Descartes ponía en duda cualquier tipo de autoridad preestablecida con su duda metódica. El hombre ha perdido la fe. No ya en ningún dios, sino en él mismo y hasta en la razón. Sólo existe lo que vemos. Adiós al mundo de las hadas, al País de Nunca Jamás, adiós a la Atlántida. El hombre moderno sólo confía en lo que ve, recela de lo que le cuentan. Filosofía aplicada (y algo barata) la que les estoy relatando sólo con la intención de encajar en un marco teórico una tendencia creciente en este Concurso desde hace unos años y que en estos cuartos de final se ha hecho más que patente: La necesidad de apoyar una letra con un efecto visual. Entonces, ¿qué ocurre? si no lo ves... ¿no existe?

Ni positivo, ni negativo. Al colocar sobre la mesa esta realidad sólo pretendo analizarla, resaltarla y entender el por qué. No creo que las agrupaciones que utilizan estas técnicas sean, exclusivamente por esto, ni mejores ni peores que otras que optan por repertorio desnudo. Pero, sí resulta sorprendente que cada vez más grupos se suban a este carro.

Si una letra (exceptuando, normalmente, los pasodobles) habla de un personaje, ahí está el tío, en escena. Si se dice coche, ahí va un automóvil. Si se dice fea, ahí va una parodia de una chica poco agraciada. Es cierto que, a veces, el refuerzo visual puede aportar, sorprender o dar la vuelta a lo que se canta pero, en otras (en estos cuartos, en la mayoría) simplemente se trata de reiterar la misma idea que se canta. Si no lo ves... no existe. Ya sin interrogaciones, en vistas a que las carcajadas o la emoción del público se hace más llamativa cuando lo ven en escena.

A esta desconfianza (digo yo que será eso) de los autores con el público (que, a lo mejor, está cansado de escuchar la letra y prefiere ver lo que le cantan, vamos, eso que se dice de optar por la película antes que por el libro) se mezcla, en cóctel mortal, con otra tendencia: el metacarnaval (el carnaval que habla de carnaval).

La actualidad carnavalera, los propios grupos, los tipos, las polémicas de turno... se convierten también en protagonistas de los repertorios. De esta forma, no han sido pocas las letras de cuartos de final que han hecho referencia a los asuntos más candentes o que más han llamado la atención durante las preliminares. Es cierto que esto ocurre desde que el mundo es mundo pero, ahora, la cosa se enriquece con los cameos.

Y funciona. Oiga, que la gente no se cansa de ver a sus ídolos carnavaleros o a los tipos que más gracia le han causado. Los Niños sacan a Heidi, el Love saca a la chirigota de Algeciras, 'Las que viven como reinas' sacan a las mujeres carnavaleras, 'Los Superhéroes' sacan a Morera como Caleti Man y a los directores más famosos de la fiesta, el Sheriff al Gago, Vera Luque a Agustín Bravo, 'La comparsa de los fantasmas' a los chicos de 'No me ralles', el coro '2012' a los gitanos de El Puerto, 'Los doce Gabanna' invita a cantar a la chirigota de El Petra... Y la lista sigue. Y la lista continúa. No todos con la misma efectividad, claro. No todos cameos igualmente justificados. Pero todos, absolutamente todos, en el teatro, han funcionado.

El carnavalero también ha perdido la fe pura en las letras. La pregunta es... ¿y el público?

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