MENTIDERO

Los que van a la final

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IGUAL que Saturno devoró a sus hijos, la final del Carnaval es devoradora, se lo come todo, y acaba con lo que sea. Es un espectáculo tan desmesurado, que no se sabe si es mejor contenerlo o desmesurarlo más todavía. Este año se ha optado por la segunda opción, aumentando a cuatro el número de finalistas por modalidad. Con eso se perseguía evitar los cajonazos sonados, lo que sólo se ha conseguido en coros, pero no en chirigotas, ni mucho menos en comparsas. Con una final a cuatro se han quedado fuera Antonio Martín, Juan Carlos Aragón, Jesús Bienvenido, el grupo de Antonio Rivas y Pepe Martínez y los comparsistas de Subiela, entre otros. Mientras que en chirigotas no han entrado las de El Canijo o El Love, que han ganado primeros premios.

Con esto se ve que si hubieran mantenido a tres agrupaciones por modalidad, la única diferencia es que habría tres cajonazos más, que no se notarían demasiado, valorando los que ya tenemos. Y, por otra parte, se hubiera evitado que el coro de Faly Pastrana cantara a altas horas de la madrugada y la chirigota del Selu no se viera obligada a llevar a Juan al alba, ni la comparsa de Tino Tovar concluya con el sol en la calle.

Para evitar los cajonazos, lo mismo da que haya tres o cuatro finalistas por modalidad. Sólo se paliarían con el sistema que expuso Kiko Zamora en una entrevista de contraportada en este diario: tres finales, una de coros, otra de comparsas y una tercera de chirigotas y cuartetos. La fórmula es discutible. Tendría sus ventajas, evidentemente. Con nueve comparsas no hubiera pasado lo de este año. Sin embargo, es probable que al segundo año hubiera quejas, que al tercero criticaran los cajonazos a pesar de la ampliación, y que al cuarto lo cambiaran para volver a lo que se había descartado en otros tiempos.

El Carnaval de Cádiz es así, siempre se estarán quejando por algo. Forma parte del repertorio básico. El día que no se quejen se acabará el Carnaval.

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