duende colorao

A mis 13 valientes

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HOY, aún con la resaca del premio y de la final, y sin ninguna intención ni de remover ni volver a contar lo sucedido a 15 días de cantar en el concurso, no puedo evitar mirar atrás y recordar aquellos días tan difíciles que nos tocó vivir a mi hermano y a mí, por eso en mi último artículo de este año, no podría ser para otros que para esos 13 titanes con los que tuvimos la suerte de contar para sacar adelante este proyecto.

Primero empezaré por los valientes que ante la estampida no se aminoraron y además de quedarse se crecieron como verdaderos titanes. Esos ocho espartanos sabían lo que se nos venía encima pero no se acorbadaron y decidieron tirar pa'lante sea como fuere sin importarle donde llegáramos. Esos ocho: Dany, Gamaza, Perico, Julián, Mariano, Kuko, Zeus y Pepe El Ligre, en esta ocasión podríamos dar significado al título de una serie de televisión muy conocida, con ocho basta.

La valentía y el coraje por lo visto en esos días era algo que allá por donde písabamos florecía. Prueba de ello es el resto del grupo que se incorporó, que sin escuchar el repertorio y sin saber a qué clase de comparsa se unían, decidieron sumarse a la locura de enfrentarse a este gran reto. Los Rubén, Kiko, Pedro, Pitu y David Chaves en un alarde de gallardía, y desde el primer día de ensayo, nos dejaron claro que saldríamos adelante y que los duendes coloraos cantaríamos en el Falla. Dejaron sus familias, perdieron horas de sueño, su tiempo libre, etc…, y como verdaderos espartanos se metieron en el local de ensayo a triturarse las gargantas y las neuronas junto a los otros ocho, para que la comparsa de los Carapapas no faltara a su cita de todos los años. No sé si más valientes fueron los que se quedaron o los que entraron, ni tampoco quiero saberlo, porque para mi hermano y para mí, todos cumplieron su palabra, y el día 26 de enero la comparsa estaba allí.

Los poquitos días de ensayo fueron una delicia, porque más allá de su incuestionable valía artística, descubrimos a unas grandes personas, más bien nos descubrimos mutuamente, nosotros a ellos y ellos a nosotros. Por eso, el domingo en la cabalgata, viéndonos a todos juntos, con la satisfacción del deber cumplido y con nuestras mujeres y niños todos disfrazados, estaba tan orgulloso del grupo que habíamos formado, que no paré de reír en todo el recorrido, la explicación estaba clara: era feliz.

Es increíble como un trago tan amargo, como parecía ser al principio, se ha convertido en uno de los momentos más dulces que he vivido en carnaval. GRACIAS a todos y cada uno de vosotros por convertiros en duendes, por poner nuestras coplas en vuestras gargantas, por vuestra valentía, y sobre todo por los momentos inolvidables que a mi hermano y a mí nos habéis hecho disfrutar.

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