canelo y yo

Más vacaciones

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EL sinvergüenza de mi amo de nuevo se ha tomado vacaciones durante la semana de carnaval. Otra vez me ha mandado a esta especie de hotel cinco estrellas para perros, mientras que él se encuentra en su amada Cadiz, ejerciendo su condición chirigotera un año más.

Este año como es par, le correspondía su consabido babuchazo en toda la cara. El chaval se había hecho ilusiones porque los jurados paralelos lo ponían en la final. Pero ya le dije yo un día que estos jurados paralelos son como su mismo nombre indica "para lelos" porque el único jurado que vale de verdad es el jurado oficial del COAC. Sirven a modo de indicativo, y hay muchos carnavaleros que no leen periódicos durante el resto del año, pero que lo primero que leen durante los días de concurso son las puntuaciones de los jurados "paralelos". Mala suerte que no estuviera de jurado oficial cualquiera de los jurados paralelos. Pero en fin, son cosas del destino y ya está. Nos quedan muchos años de carnaval, y nos tocará de todo. Así es la vida y es el carnaval.

Siempre hay que saber perder cuando se pierde, y saber ganar cuando se gana. Deberíamos todos respetar un veredicto, asignatura siempre pendiente por muchos autores y componentes de agrupaciones que parecen desconocer el término autocrítica. De las derrotas siempre se aprende, de las victorias no se aprende absolutamente nada. Y al fin y al cabo, y aunque siempre se dice que es un tópico, lo importante es disfrutar. Si disfrutamos todo está pagado.

Un par de apuntes. Esta fiesta sigue enamorando a mucha gente que viene de fuera, tanto del resto de España, como de otros rincones como Argentina y Latinoamérica. Aún consigo explicarme por qué esta ciudad tiene tanto complejo en explotar su carnaval (sobre todo el folklore asociado a él) por el bien económico de la ciudad, al igual que hacen otras capitales del carnaval por todo el mundo durante todo el año. Y ya no estoy hablando solamente de un museo. Creo que debemos de aprender de otras ciudades que le saca mucho partido económico a su carnaval, siempre sin prostituirlo, sin devaluarlo y sin trivializarlo.

Y como aficionado me hago eco de una frase que le he escuchado este año a Paco Rosado. Esta joya que es el carnaval de Cádiz no podemos convertirlo en un Telecinco cantado. Y aquí todos somos culpables. Unos por escribirlo y otro por aplaudirlo. Recuerdo hace muchísimo tiempo, cuando existían los seminarios del carnaval, que una persona extranjera, bastante docta, al escuchar una muestra de los primeros premios del carnaval de Cádiz dijo al auditorio que le había encantado pero que en el mundo existían otras cosas distintas a la televisión. Los autores buscamos lugares comunes con el público, y la televisión está ahí siempre, dispuesta a regalarnos cuplets a gays, lesbianas, cornudos, putillas de barrio, y pasodobles de tertulianos a favor del ojo por ojo y la pena de muerte que es una muerta de pena. Pero pena de verdad.

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